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La semana pasada el comisionado presidente del Instituto Federal de Telecomunicaciones (Ifetel), Gabriel Contreras, estuvo muy activo en el contexto de la 59 Semana Nacional de la Radio y la Televisión y de esa reunión puedo destacar dos declaraciones que merecen dos reacciones distintas. La primera fue una decepción, por decir que el Ifetel no es policía para andar persiguiendo a radios piratas, pero la segunda, y que es digna de una ovación de pie, fue la propuesta de desregular la radio y la televisión.

El 8 de julio de 2015, al escribir sobre la disrupción de los servicios over the top (OTT) y la discusión en Europa sobre la neutralidad de internet, dije que si no era posible tener una regulación técnicamente neutra que proteja los intereses de los agentes disruptivos y de los que todavía invierten en las redes, “la única opción viable es desregular más esta industria”.

El viernes Contreras dijo que no existe una competencia pareja de los radiodifusores frente a nuevos servicios que se ofrecen a través de internet y aunque no es una práctica internacional regular a las nuevas plataformas OTT como Netflix, la manera de compensar es desregulando a la radiodifusión.

En 2015 dije que las telecomunicaciones deben caminar hacia una desregulación y que no se trata de meter a los OTT en la misma camisa de fuerza de las telco (ni locos), sino de meter a ambos en una regulación ligera, con lo cual solo se regularían condiciones de calidad del servicio y la autoridad solamente resolvería controversias.

El viernes, el presidente del Ifetel dijo que “vale la pena que se discuta esto con seriedad y transparencia, no cómo vamos a regular a los nuevos medios, porque en el mundo no se está haciendo, sino cómo habría que desregular a los medios tradicionales”. Coincido y lo aplaudo.

Sin duda, es uno de los asuntos más peliagudos que enfrentará el nuevo gobierno (aunque sea desde la tribuna) lo mismo que la muy probable reconfiguración del sector aeronáutico nacional, que en los últimos meses ha dado signos de debilidad, y el caso de Interjet, de José Luis Garza, es un buen ejemplo.

Aunque la aerolínea no hace públicos sus resultados trimestrales, mis amigos chismosos me informan que este primer trimestre reportó la pérdida operativa más alta de su historia, de 567 millones de pesos, y una utilidad neta por 593 millones de pesos. Este importe es casi igual al adeudo que tiene la aerolínea con el Instituto Nacional de Migración de 2017 y 2018. A esto se suma su salida de la Asociación Regional de Líneas Aéreas de Guadalajara debido a la situación financiera por la que atraviesa la empresa que también, me dicen, retirará a partir del 1 de junio próximo su gerencia de ventas regional en esa ciudad. Aguas.

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