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CFE y Juan Cortina en CNA, la columna de Claudia @LaVillegas1


En la Comisión Federal de Electricidad (CFE) a cargo de Manuel Barlett tienen un legítimo interés por replantear las condiciones privilegiadas bajo las cuales se firmaron los contratos de suministro de energía eléctrica con proveedores privados.

En la CFE, una de las dos principales compañías del sector de la energía, están convencidos de que el Estado mexicano podría obtener una posición mucho más ventajosa en los contratos que se han firmado para el suministro de energía y que nos enfrentamos a situaciones desventajosas que se firmaron durante gobiernos que no privilegiaban el beneficio de las comunidades.

Es cierto, de acuerdo con expertos en este sector, durante las administraciones panistas y priistas se invitó a participar a compañías privadas, sobre todo extranjeras a generar energía eléctrica para cumplir con el suministro que necesitaba el país bajo el pretexto de que no había dinero mientras la deuda aumentaba. Se les invitó, en otras palabras, a participar en un mercado cautivo y a compartir un monopolio que controlaba CFE.

A diferencia de Pemex, la CFE es una compañía que cuenta con ingresos seguros y, si bien es cierto, que tiene deudas que, por cierto, le heredaron las administraciones pasadas, tiene una posición mucho más estable que Pemex y no representa un pasivo constante para las finanzas públicas.

En términos legales, la CFE enfrenta desafíos si quiere cambiar el orden de los acuerdos que se firmaron durante administraciones con menos sentido social. El riesgo es que, como ya sucedió con la más reciente resolución de la Suprema Corte de Justica de la Nación (SCJN), que el proyecto de la Cuarta Transformación de recobrar la rectoría sobre la generación de energía del país se enfrente a la formalidad legal.

Frente a esta realidad, la CFE debería reunir evidencias que demuestren cómo y quién se benefició de los contratos con privados y cómo se perjudica al país. ¿Difícil? Claro pero sólo así se eliminará esa falsa percepción de que las decisiones de la CFE se toman a la luz de conceptos ideológicos y no frente a la realidad del abuso y la corrupción.

Siempre es posible renegociar pero sin darle los pretextos que necesitan algunas compañías privadas para hacer valer cláusulas abusivas como sucedió con los contratos para el suministro de gas.

Al final, terminaron cobrando por la construcción de ductos, de elefantes blanco que, en muchos casos, ni siquiera conectaban a plantas de operación. ¿Quién se enriqueció con esos contratos? Además, establecieron aquella cláusula de paro de obra ante eventos sociales.

Con esta letra chiquita, si el tendido del ducto se detenía, los contratistas de la CFE simplemente seguían cobrando porque no era su culpa que una comunidad se opusiera al proyecto. Alguien seguía, entonces, cobrando comisiones. No es casual, por lo tanto, la estigmatización de los funcionarios a cargo de la CFE. Alguien quiere desprestigiar a priori su gestión.

Por ello, comulgo con analistas que aseguran que no se trata de defender a las compañías privadas que firmaron contratos en los gobiernos de Fox, Peña o Calderón, ni de darles la excusa perfecta para seguir ganando dinero con juicios y reclamos contractuales, el objetivo sería recuperar el papel rector de la CFE y privilegiar, en primer lugar, el beneficio social para las comunidades que necesitan energía accesible, barata y sin interrupciones y, después, transformar a la CFE en la empresa productiva del Estado que, con un mercado cautivo, puede beneficiar al país, al crecimiento de la economía y a las finanzas públicas.

Un ejército de abogados se frotan las manos para iniciar demandas que podríamos perder por formalismos jurídicos. En el sentido social de este cambio que se busca en la CFE está la respuesta. Les garantizo que ningún inversionista se llevaría sus inversiones si se demuestra que su contrato estuvo viciado de origen y que, a cambio, obtendrá una participación más justa en un mercado sin corrupción.

Cortina diversificará mercados para agroexportaciones

Al frente del Consejo Nacional Agropecuario (CNA), Juan Cortina, buscará cerrar filas entre los empresarios del sector y renovar los lazos de cooperación con los distintos comités que participan en la cúpula del sector agroindustrial del país.

Cortina llega en un momento clave para las compañías de la industria agropecuaria del país porque se vive la controversia y la transición a herbicidas mucho más amigables con el medio ambiente.

La estigmatización del glifosato, la discusión en torno a la subcontratación y hasta la revisión del cumplimiento fiscal de los jugados en esta actividad, son frente que ocuparán la atención de Juan Cortina, quien cuenta con amplia experiencia en la agroindustria del azúcar y la cadena de integración con productores de caña de azúcar.

Durante muchas décadas, Cortina vivió crisis importante en esta actividad y logró remontar situaciones complejas que comprometían la operación de los ingenios y hasta su sobrevivencia. Ahora Cortina llega a un sector agropecuario que genera más divisas que el sector petrolero y que está transformándose en una verdadera historia de éxito.

Frente a la pandemia, la producción agroindustrial del país no sólo está apuntalando las exportaciones sino también la generación de fuentes de empleo. En el CNA se vivió un momento complejo en las relaciones con el gobierno porque la discusión en torno al glifosato exacerbó los ánimos.

Así, el cambio de estafeta en el CNA es una buena noticia para renovar el diálogo y la búsqueda de acuerdos. A través de la Subsecretaría de Economía bajo la responsabilidad de Luz María de la Mora, el CNA busca que el gobierno federal acompañe a la agroindustria mexicana en la diversificación de mercados. La agenda ya se está diseñando y la intención es aumentar la participación en mercados asiáticos.

Para el mercado interno, entre los planes del CNA también se encuentra el programa Maíz por México. Aquí la coordinación con la Secretaría de Agricultura será clave para integrar cadenas productivas.

No es un secreto que Bosco de la Vega deja su cargo con un claro distanciamiento frente a la administración del presidente López Obrador. De La Vega buscó por muchas vías encontrar caminos de coincidencia con el gobierno de la Cuarta Transformación, sin embargo, fueron tiempos complicados. Sin embargo, me consta que uno de los programas que más impulso recibió del CNA fue, precisamente el del Maíz por México.

Son buenos los enroques y esperemos que Cortina logre apuntalar el milagro que ya se observa en las exportaciones agroindustriales.

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