
A repensar la IA empresarial, por Hugo González en El Universal
octubre 27, 2026Hay empresas que quieren implementar inteligencia artificial (IA) como si compraran el iPhone más reciente. No saben para qué lo necesitan, pero les aterra quedarse fuera de la conversación. El problema es que muchas pretenden instalar tecnología del futuro sobre procesos diseñados cuando BlackBerry era símbolo de estatus.
Hace unos días platiqué con Patricio Pérez Colmegna, vicepresidente de Helix para Latinoamérica, quien nos dijo algo difícil de entender para algunos. Antes de meterle IA a todo lo que se mueva, conviene revisar si los procesos empresariales todavía tienen sentido.
Porque automatizar una tontería no la convierte en innovación. Simplemente permite cometer tonterías a mayor velocidad y, probablemente, con un presupuesto más elevado.
La propuesta de Helix consiste en aprovechar la IA generativa y los agentes digitales para transformar las operaciones empresariales. No se trata únicamente de sustituir tareas humanas, sino de desarrollar capacidades que antes resultaban imposibles por restricciones de tiempo, dinero o personal.
La capacidad agéntica, es decir, la creación de agentes de IA capaces de ejecutar actividades, coordinar procesos y tomar determinadas decisiones dentro de parámetros establecidos; es como contratar empleados digitales que trabajan permanentemente, pero que también necesitan supervisión.
Pero cuidado porque la IA amplifica tanto las virtudes como los defectos de una organización. Si recibe información incorrecta o carece de contexto, puede convertirse en una fábrica automatizada de errores.
Por eso Helix apuesta por convertirse en una especie de conserje digital que coordine agentes, información y procesos bajo reglas de gobernanza. Su experiencia administrando operaciones tecnológicas de bancos, empresas de telecomunicaciones y grandes corporativos constituye parte de esa estrategia.
Y mientras la IA transforma su negocio, Helix también estrena independencia corporativa. Tras separarse operativamente de BMC durante 2025, la compañía concretó el pasado 2 de octubre su adquisición por parte de Montagu, firma de capital privado con sede en Londres. Con ello desaparece la marca BMC de su identidad y comienza una nueva etapa.
La división quedó bastante más clara. BMC conserva las soluciones de mainframe y Control-M, mientras Helix concentra sus operaciones en gestión de servicios, automatización, ServiceOps y agentes de IA. Incluso existe la posibilidad de incorporar tecnologías de otras empresas del portafolio de Montagu.
Lo interesante es que Helix, cuya tecnología lleva décadas trabajando discretamente detrás de grandes corporaciones, ahora quiere protagonizar la conversación sobre inteligencia artificial. Sabe que el verdadero negocio no consiste en ponerle IA a los problemas de siempre, sino en dejar de trabajar como si todavía estuviéramos en 2010. Porque digitalizar el desorden sigue siendo desorden, aunque ahora venga acompañado de algoritmos.
Proteína hasta en la sopa
Parece que vivimos en la era de la proteína. Antes bastaba con desayunar unos huevitos y tomarse un licuado para sentirse saludable. Ahora necesitamos proteínas hasta en el café, bebidas funcionales, suplementos y productos que prometen convertirnos en John Cina. Pero detrás de esta fiebre por el bienestar hay algo más que los músculos, hay tecnología, innovación alimentaria y procesos industriales cada vez más sofisticados.
Según estimaciones de Precedence Research, el mercado mundial de suplementos alimenticios y nutrición podría alcanzar los 758 mil 990 millones de dólares en 2034, con un crecimiento anual compuesto de 7%. Un negocio suficientemente atractivo para que las empresas tecnológicas también quieran meter su cuchara. Y no precisamente para revolver el licuado.
En México tampoco nos quedamos atrás. Datos de Ingredion revelan que 63% de los consumidores compra con mayor frecuencia alimentos elaborados con ingredientes naturales, mientras 67% estaría dispuesto a pagar entre 5% y 30% más por productos de origen vegetal. La demanda existe.
Pero una cosa es inventar una bebida proteica en el laboratorio y otra muy distinta producir millones de unidades sin que termine pareciendo engrudo para gimnasio.
Ahí es donde aparece Tetra Pak, compañía que muchos identificamos con los envases de leche y jugos, pero cuya apuesta tecnológica va mucho más allá del famoso cartoncito.
La empresa busca aprovechar esta tendencia mediante soluciones integradas que conectan la formulación, las pruebas piloto, el procesamiento y el envasado industrial. Es decir, tecnología aplicada para convertir una buena idea en millones de productos con características consistentes.
Para conseguirlo, la compañía utiliza sus Centros de Desarrollo de Productos, donde los fabricantes pueden experimentar con ingredientes, validar recetas y detectar problemas antes de invertir cantidades importantes en producción masiva.
La jugada de Tetra Pak consiste en dejar de ser vista únicamente como proveedora de envases para convertirse en socia tecnológica de la industria alimentaria, un negocio donde la innovación ya no termina en la fórmula, sino que alcanza toda la cadena productiva.
Porque mientras algunos influencers siguen contando gramos de proteína, la industria cuenta algo bastante más importante: cuántas ideas pueden convertirse en productos escalables gracias a la tecnología. Y ahí sí hay músculo para rato.
El viejito chingón
En tiempos de IA y autenticación biométrica resulta que todavía podemos caer en una estafa por un simple mensaje de texto. Sí, ese viejito SMS que parecía condenado a desaparecer ahora también sirve para que los delincuentes se disfracen de bancos, comercios o empresas legítimas.
Resulta que muchos mensajes empresariales llegan desde números convencionales de diez dígitos, sin que el usuario pueda identificar claramente quién está detrás. Básicamente, cualquiera puede ponerse un disfraz corporativo y tocar la puerta de nuestro celular.
Por eso habrá que poner atención a la regulación contra el spam que prepara la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones (CRT), encabezada por Norma Solano Rodríguez.
Entre las propuestas está exigir que los SMS empresariales originados por operadores fijos utilicen numeración corta, vinculada con remitentes identificados y verificables.
La idea suena razonable, aunque cambiar diez dígitos por cuatro o cinco tampoco convierte automáticamente a un mensaje en confiable. Se necesitan mecanismos tecnológicos de autenticación, trazabilidad y supervisión para evitar que los delincuentes simplemente cambien de disfraz.
El tema cobró relevancia durante el reciente foro de la Global Anti-Scam Alliance (GASA), cuyo capítulo mexicano lidera Sissi de la Peña, donde se discutió el crecimiento de las estafas digitales.
La CRT tiene una oportunidad para fortalecer la seguridad de las comunicaciones empresariales sin afectar avisos importantes ni códigos de autenticación. Porque si hasta para entrar al correo nos piden verificar nuestra identidad, ya va siendo hora de exigir que también sepamos quién demonios nos manda un SMS.
Apuesta digital
La tecnología será una de las piezas centrales en la nueva etapa de KU-BO Financiero bajo el control de GEMA (Grupo Empresarial Maestro). La operación, autorizada por la CNBV, que encabeza Ángel Cabrera Mendoza, combina los 24 años de experiencia de Crédito Maestro con la plataforma de kubo.financiero. El activo tecnológico representa una vía para ampliar su presencia en las Sofipos y ofrecer alternativas digitales de crédito, ahorro e inversión en un mercado donde la experiencia del usuario importa. El reto recaerá en Gerardo Piña, con trayectoria en Citibanamex, Mastercard, Monex, Nacional Monte de Piedad, Fincomún y Spin, mientras Oliver Fernández Mena ocupará la presidencia del Consejo de Administración. GEMA y KU-BO también colocan la educación financiera entre sus objetivos. La prueba será aprovechar la tecnología de kubo.financiero para ampliar el acceso a servicios financieros y competir con una oferta ágil y confiable frente a la banca tradicional.
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