La FIFA puede matar al Mundial, por Hugo González en ContraRéplica

La FIFA puede matar al Mundial, por Hugo González en ContraRéplica

junio 17, 2026 0 Por Hugo González

La FIFA ha encontrado la fórmula perfecta para hacer del Mundial una máquina de dinero. Tan perfecta, que corre el riesgo de matar aquello que le da sentido, el futbol.

La inauguración de la Copa del Mundo en la Ciudad de México dejó imágenes poderosas. Miles de personas vestidas de verde, batucadas improvisadas, música regional y una energía colectiva difícil de replicar.

No quise escribir esto en caliente. Preferí digerir la experiencia y hablar con mesura de lo visto en la inauguración. Llegué al estadio desde las nueve de la mañana por la amenaza de movilizaciones magisteriales. Desde afuera, todo era fiesta. Ahí estaba el verdadero Mundial, en la calle, con la gente que desborda pasión y alegría. Pero cruzar los filtros fue entrar a otra dimensión.

Cinco revisiones de boleto. Zona cero, explanada, acceso principal, torniquetes y sección. Un modelo basado en la vigilancia extrema. Al aficionado dejó de ser el centro para convertirse en cliente cautivo y sospechoso permanente.

Dentro del estadio no existe el libre mercado. No hay vendedores locales, ni puestos independientes, ni espontaneidad. Todo pertenece a la FIFA y a sus patrocinadores. Un ecosistema cerrado y diseñado para maximizar ingresos con precios obscenos. Burritos de 200 pesos, hamburguesas 280, refrescos en 160 y cervezas de casi 300 pesos.

El problema no es sólo cuánto cuesta sino quién puede pagarlo. Históricamente el Mundial fue una celebración popular. Hoy empieza a parecer un producto premium y se notó en las gradas. Estaban los aficionados de siempre pero eran minoría. La escena dominante era de influencers, invitados corporativos y personajes más preocupados por grabar stories que por mirar el juego.

Muchos ni volteaban a la cancha. La foto vale más que el gol. La narrativa digital importa más que la emoción real.

La ceremonia inaugural fue impecable. Producción de alto nivel, energía y emoción. Pero incluso ahí se notaba la desconexión. Los sombreros de cartón colocados para generar efectos visuales fueron ignorados por buena parte del público y la banda con los boletos más modestos lanzó los cartones armando un espectáculo improvisado.

El Himno Nacional cantado a capela retumbó y ahí el estadio se quebró, incluyendo a este reportero. Ese momento me recordó que el futbol sigue siendo uno de los últimos rituales colectivos capaces de tocar fibras profundas. Pero ni eso escapa al negocio pues hasta en las pausas de hidratación, el desfile de patrocinadores fue grotesco.

La FIFA ha construido una maquinaria comercial impresionante, pero cuando el dinero desplaza al aficionado tradicional y el acceso se vuelve elitista, el producto empieza a vaciarse. Y ese es el verdadero riesgo.

El Mundial no nació para ser una pasarela corporativa sino para que el pueblo gritara goles. Sería una tragedia que la FIFA olvidara que, sin pueblo, no hay futbol.

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