
El drama del registro de líneas móviles; por Hugo González en El Universal
mayo 14, 2026El Registro Nacional de Usuarios de Telefonía Móvil se convirtió en el nuevo Chupacabras de las telecomunicaciones mexicanas. Muchos hablan de él, muchos le tienen miedo, muchos aseguran que es una amenaza para la privacidad, para la competencia, para la inversión y hasta para la paz mundial.
Sin embargo, nadie termina de explicar con claridad por qué un trámite que, en teoría, debería ser tan cotidiano como sacar placas o abrir una cuenta bancaria, acabó transformado en un factor de tensión entre la industria, las autoridades y hasta con los usuarios finales.
La pregunta ya no es si el registro tiene fallas (seguramente que las tiene) la verdadera duda es ¿por qué ciertas empresas parecen tan empeñadas en demostrar que el sistema fracasará incluso antes de terminar el proceso?
Según la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones (CRT) hasta el miércoles 13 de mayo el número de líneas de telefonía celular vinculadas a la identidad de su titular asciende a 48 millones. Si bien se aprecia un avance, todavía estamos lejos de la cifra de 161 millones de líneas activas totales reportadas por los operadores telefónicos.
Y ahí aparece el elefante en la habitación. Quizá el registro no está exhibiendo un fracaso gubernamental, sino la posibilidad de que durante años las cifras reales de usuarios hayan sido bastante más elásticas de lo que se presume en reportes financieros y presentaciones para inversionistas.
Nuevamente espero equivocarme (no pasa seguido) pero creo que se están creando explicaciones a priori para decir que el registro no sirve y hay que empezar de nuevo. Y si no, chequen las declaraciones que Mony de Swann (¡Hola, Mony!) le dio a mi querido colega Christopher Calderon en El Financiero.
El expresidente de la extinta Cofetel y hoy representante de los Operadores Móviles Virtuales (OMV) dice que (en su estilo De Swaan) “tiraría el registro a la basura” porque el gobierno ignoró advertencias técnicas de la industria. Lo curioso es que sí hubo consulta pública y sí se recibieron comentarios de operadores. Pero en México cuando la autoridad no acepta todas las exigencias de las empresas privadas, entonces se acusa automáticamente que “no escuchó”.
Dice también que el registro de líneas telefónicas incumple acuerdos con Estados Unidos. Pero ¿por qué no nos ilumina (o gran sacerdote de las telecom) y nos dice por que se incumplen esos acuerdos de seguridad con EU?
Hasta donde yo recuerdo, el registro no tiene relación alguna con los acuerdos de seguridad con EU y si acaso alguna vez se trató el tema fue en el sexenio de Peña Nieto. El registro no nació por mandato de Washington ni forma parte de alguna cruzada geopolítica contra el crimen organizado internacional. Es una política nacional de control administrativo y seguridad pública. Punto.
Pero quizá el mayor truco opositor ha sido vender la idea de que el gobierno quiere construir una base biométrica para espiarnos. Precisamente para cuidar la identidad y los datos de los usuarios que los cuidan como su gran tesoro, aunque ya entregaron a bancos y redes sociales; no se exige el registro de datos biométricos.
Lo que pide es una prueba de vida para evitar registros falsos hechos con fotografías adulteradas o imágenes generadas por inteligencia artificial. Incluso el trámite presencial puede evitar parte de esas validaciones. Llamarle “registro biométrico” es como decir que un filtro de Instagram equivale a una cirugía facial.
Además, para eliminar toda sospecha del gobierno sensor, represor y violador de derechos, en los lineamientos se estableció que la protección de los datos es responsabilidad única y exclusiva de los proveedores de telefonía móvil. Luego entonces, si crees que se van a perder tus datos, ya sabes a qué compañía telefónica reclamarle.
Y después aparece otro argumento falaz: el registro desincentivará nuevas líneas. Como si millones de mexicanos despertaran un día diciendo: “mejor no compro celular porque ahora sabrán que es mío”. Bajo esa lógica delirante también deberían desplomarse las ventas de autos nuevos porque los vehículos salen registrados a nombre de una persona física o moral.
Tal vez lo que realmente incomoda es que el padrón obligará a depurar líneas infladas, usuarios inexistentes y chips que viven eternamente en balances corporativos. Porque si después del 30 de junio millones de líneas desaparecen y nadie las reclama, entonces la pregunta incómoda será inevitable: ¿eran usuarios reales o simples fantasmas estadísticos útiles para adornar reportes trimestrales?
Ahí sí el registro dejaría de ser un problema de privacidad y se convertiría en uno de credibilidad empresarial. Y eso duele bastante más.
Siguen los hackeos
Booking.com confirmó un ciberataque que expuso reservaciones y datos de miles de usuarios. A partir de ese caso, Silent4Business, firma de ciberseguridad encabezada por Layla Delgadillo, alertó sobre una dinámica que suele pasar inadvertida. Los delincuentes no solo roban información, también la reutilizan para crear fraudes más convincentes. Un dato obtenido hoy puede convertirse mañana en una estafa dirigida. Así, una sola intrusión afecta dos veces, primero a la organización y luego a clientes engañados con información real. El robo de datos dejó de ser un objetivo final. Los grupos criminales perfeccionan la ingeniería social con reservaciones, nombres o historiales de compra auténticos. Con esos elementos construyen engaños difíciles de detectar, sobre todo en turismo, comercio electrónico y finanzas. El mayor desafío consiste en entender que un dato en manos equivocadas conserva capacidad de daño mucho después del ataque inicial.



