
Registro de líneas móviles, lo bueno y lo malo; por Hugo González en El Universal
marzo 10, 2026El 9 de enero arrancó en México el proceso para registrar todas las líneas telefónicas móviles con una persona física o moral. La lógica es eliminar el anonimato que permite usar números telefónicos para extorsiones, fraudes y otros delitos. En otras palabras, saber quién está detrás de cada línea. Nada que no exista ya en varios países donde el servicio móvil dejó de ser territorio de fantasmas.
Pero en el ecosistema político mexicano cualquier iniciativa vinculada al gobierno de la Cuarta Transformación (4T) provoca urticaria automática. Muchos opinadores (algunos informados y otros patrocinados) se apresuraron a presentar el registro como una estrategia siniestra para vigilar ciudadanos y en contra de las libertades. La narrativa y el nado sincronizado corrió sobre la idea de que el gobierno quiere controlar tus llamadas, tus mensajes y probablemente hasta tus memes.
Por eso, muchos apostaron y apuestan a que el registro fracase pues serviría como una nueva herramienta de golpeteo político en contra del gobierno federal, pese a que se trata de un procedimiento que totalmente técnico y que está en manos de las empresas telefónicas.
Si bien la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones (CRT) emitió los lineamientos técnicos, quien tiene que realizar el proceso son las empresas operadoras. Telcel, AT&T, Movistar y compañía. Es decir, las mismas empresas que durante años han presumido sofisticación tecnológica, aplicaciones móviles impecables y experiencias de usuario dignas de Silicon Valley.
Y aquí empieza algo más interesante. El objetivo oficial establece que todas las líneas deberán quedar registradas antes del 30 de junio. Lo malo es que, de los casi 153 millones de líneas móviles que existen en México, apenas se han registrado cerca de 48 millones.
Efectivamente, si el ritmo no cambia, es muy probable que fracase el registro y se cancelen líneas a partir del 1 de julio. Yo sigo creyendo que faltando poco para que venza el plazo, ahí estarán millones de mexicanos registrando sus líneas.
Sin embargo, el fracaso potencial del registro no sería responsabilidad de la autoridad reguladora, sino de las operadoras móviles. Las empresas telefónicas no han implementado ese anglicismo que tanto les encanta a los marqueteros digitales conocido como Call to Action (CTA).
Este Llamado a la Acción o CTA es ese pequeño empujón digital que invita al usuario a hacer algo inmediato: registrarse, comprar, descargar, actualizar. Lo vemos todos los días en aplicaciones, plataformas de comercio electrónico y redes sociales. Botones grandes, mensajes directos, procesos simplificados.
Curiosamente, las empresas que dominan esa ciencia del empujón digital parecen haber olvidado aplicarla en el registro de líneas móviles.
Durante las primeras semanas hubo algunos avisos. Mensajes breves, notificaciones discretas, recordatorios tímidos. Después ese forzado entusiasmo se evaporó. Hoy el registro aparece en muchos casos como un trámite escondido en menús secundarios o como un aviso burocrático que parece escrito por un funcionario enojado con el mundo. Hasta parece que juegan con prácticas dilatorias para el registro y lo están haciendo a paso del perozoso Flash, de la película Zootopia.
Resulta paradójico. Las compañías que presumen tecnología avanzada, inteligencia artificial, analítica de datos y una “experiencia de usuario” impecable no han logrado construir un proceso simple, rápido e intuitivo para registrar una línea telefónica.
Por necesidades de contratación y para solicitar una eSim, he estado en dos centros de servicio de dos empresas telefónicas y en ambos casos el registro se está manejando como “una disposición del gobierno, no de la empresa”.
Lo manejan de tal manera que la hacen ver como una ocurrencia del gobierno censor y supervisor de los pobrecitos ciudadanos. No lo explican como lo que es: un sistema para dejar atrás el anonimato de las líneas en favor de nuestra seguridad.
Pero ¿Por qué las empresas telefónicas no le ponen ganitas a ese registro obligatorio? Puede haber otra razón menos visible, que explicaría el escaso entusiasmo empresarial. Un registro real de líneas telefónicas vinculadas a personas reales también implicaría un registro real de usuarios activos. Y eso puede provocar incomodidades estadísticas.
Durante años, el tamaño del mercado móvil se ha construido con metodologías flexibles sobre qué significa un usuario activo. Algunas empresas como Bait consideran como cliente vigente a quien realizó al menos una transacción en seis meses. El mercado, en cambio, suele considerar vigentes solo las líneas con tráfico de voz en un periodo de noventa días. La diferencia parece técnica, pero en la práctica puede inflar o reducir millones de líneas.
Ese es el caso de Bait, el operador móvil virtual de Grupo Walmart. Según datos difundidos por la propia empresa, cerró 2025 con 26.4 millones de usuarios activos, después de sumar 8.1 millones durante ese año.
La cifra resulta estúpidamente positiva cuando se compara con el crecimiento de operadores tradicionales. Telcel añadió alrededor de 63 mil líneas nuevas en 2025, mientras AT&T incorporó cerca de 1.1 millones.
Pero hay un pequeño detalle estadístico. La Comisión Reguladora de Telecomunicaciones reconocía para Bait alrededor de 8.3 millones de usuarios hasta junio de 2025. La diferencia entre ambas cifras no es menor.
Por eso, un padrón nacional de líneas telefónicas ligado a identidades podría reducir esas zonas grises. No solo serviría para combatir delitos asociados al anonimato telefónico, sino también para dimensionar con mayor precisión el tamaño real del mercado móvil mexicano.
En otras palabras, el registro no solo es un instrumento de seguridad, también podría convertirse en un inesperado ejercicio de contabilidad sectorial.
Y tal vez por eso el entusiasmo empresarial no es precisamente contagioso. Porque una cosa es presumir millones de usuarios en presentaciones corporativas y otra muy distinta demostrar cuántos de ellos existen realmente cuando cada línea tiene nombre y apellido.
Mientras tanto, el reloj sigue corriendo hacia el 30 de junio. Y como suele ocurrir en México, es probable que millones de personas descubran el registro cuando falten pocos días para el cierre del plazo.
Pero justo en ese momento, cuando todos intenten hacerlo al mismo tiempo, será la verdadera prueba del sistema. Ahí se verá la voluntad de las empresas para empujar a sus clientes a cumplir con un trámite que, nos guste o no, terminó convirtiéndose en una radiografía del negocio móvil en el país.



