Si vas por Acapulco y miras algún desarrollo inmobiliario interesante y accesible a tu cartera, ten cuidado porque podría ser un fraude. Por allí venden departamentos con vistas al mar, pero otros venden con vistas a la niebla. Nao Living decidió apostar por lo segundo.
El desarrollo inmobiliario situado en la zona de Barra Vieja hoy se comercializa como una nueva oportunidad inmobiliaria, pero arrastra un pasado que nadie ha querido explicar con claridad.
El proyecto no nació como Nao Living. Antes fue “Avento”, una apuesta de alto valor que colocó unidades en preventa con precios que superaban los 11 millones de pesos. Luego desapareció. Sin comunicado, sin cierre público, sin rendición de cuentas a quienes pagaron todo o parte del inmueble. En su lugar apareció una nueva marca, un nuevo discurso y narrativa distinta.
Detrás del desarrollo aparecen nombres como Isaac Steiner Aizenman, José “Joey” Assa Masri y Marcos Sasson. También aparece la empresa Inmofin como cara comercial. Pero nadie termina de explicar qué pasó con lo vendido o quién devolverá el dinero por departamentos no entregados.
No es un simple tema de comunicación. Hay compromisos y contratos previos que no están claros, compradores que no tiene certeza y una transición entre proyectos que parece diseñada para enredar el proceso.
Mientras tanto, la Fiscalía General del Estado de Guerrero ya investiga el tema bajo la figura de fraude culposo. El caso no se queda en lo local y empieza a escalar a nivel estatal incluso federal, pero, aun así, la maquinaria comercial sigue avanzando como si nada pasara. Ese es el verdadero timo: vender primero, aclarar después. O nunca.
Nao Living no es solo un desarrollo en Acapulco. Es el síntoma de una práctica que empieza a normalizarse al reciclar proyectos, reinventar marcas y dejar cabos sueltos esperando que el mercado no haga preguntas incómodas. Pero los clientes sí preguntan y cuando lo hacen, no buscan promesas; buscan respuestas. Y aquí, esas respuestas siguen sin aparecer.
Emprendedores
A escala mundial hay casi 580 millones de personas emprendedores, mientras que en México está actividad llegó a 19.4% de la Población Económica Menta Activa en 2025. Sin embargo, sólo el 4.9% de los adultos cuenta con un negocio establecido; reflejando lo complejo que significa emprender. Y vaya que lo entiendo. Por ello el Centro de Competitividad de México (CCMX) que lidera Juan Carlos Ostolaza ha logrado sumar alianzas en favor de los emprendedores y pymes del país. Junto a WORTEV, ha diseñado modelos de incubación que combinan capacitación, mentoría, acompañamiento a largo plazo y acceso a capital, buscando fortalecer los proyectos desde etapas tempranas. En 2025, este programa logró más de 2,000 emprendedores capacitados y acompañados en distintas etapas de desarrollo, fortaleciendo sus capacidades para competir en el mercado.