Fábricas inteligentes, espectro para pocos; por Hugo González en El Universal

Fábricas inteligentes, espectro para pocos; por Hugo González en El Universal

octubre 13, 2026 0 Por Hugo González

Hay quienes todavía creen que la revolución industrial consiste en ponerle una pantalla táctil a una máquina y conectarla a internet. Eso sería como comprar un refrigerador inteligente para seguir guardando los frijoles en un bote de yogur. Mucha tecnología, pero las mismas costumbres.

Por fortuna, la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones (CRT) parece haber entendido que la Industria 4.0 necesita algo más que discursos y acaba de modificar las reglas de su primera licitación de espectro radioeléctrico para redes industriales privadas.

La Licitación CRT-RRI-01-2026 podría representar un cambio importante para la manufactura mexicana. Por primera vez, el regulador abre una ruta específica para que las empresas productivas accedan directamente a frecuencias destinadas a operar sus propias redes inteligentes, sin depender necesariamente de las compañías telefónicas tradicionales.

Y eso puede transformar la manera en que operan las fábricas, los puertos, los centros de distribución y hasta las empresas agroindustriales.

El pasado 8 de octubre, la CRT publicó las bases definitivas y sorprendió con algunos cambios. Aumentó de 40 a 60 MHz el espectro disponible en la banda de 2.3 GHz, duplicó de 10 a 20 MHz el tamaño de los bloques y amplió de 60 a 72 las regiones industriales contempladas.

También eliminó el límite territorial de 200 kilómetros cuadrados para proyectos por polígono e introdujo restricciones para evitar la concentración de frecuencias.

En español terrenal, significa que habrá más capacidad para conectar máquinas, sensores, robots y sistemas de inteligencia artificial sin que todos tengan que pelearse por la misma señal como si estuvieras en esas cafeterías caras. 

El espectro radioeléctrico es una materia prima de la economía digital, aunque muchos empresarios todavía lo consideran un asunto exclusivo de Telcel, AT&T, Altán o las empresas que venden planes telefónicos con gigas que misteriosamente desaparecen.

Imaginemos una armadora automotriz donde cientos de robots trabajan simultáneamente, vehículos autónomos transportan componentes y cámaras analizan defectos de fabricación en tiempo real. Una interrupción de conectividad puede detener procesos que cuestan miles de dólares por minuto.

Ahí es donde una red privada 5G puede marcar diferencias frente a las conexiones inalámbricas convencionales. No porque el Wi-Fi sea inútil, sino porque determinadas operaciones industriales necesitan cobertura, latencia y disponibilidad diseñadas específicamente para sus procesos.

Lo mismo ocurre en los puertos de Manzanillo, Lázaro Cárdenas y Veracruz, donde grúas, contenedores y vehículos podrían intercambiar información mediante redes dedicadas.

En la industria electrónica y de semiconductores, los sensores permitirían anticipar fallas mediante mantenimiento predictivo. En la agroindustria, podrían vigilar cadenas de frío, temperaturas y movimientos logísticos sin depender exclusivamente de las redes públicas. Todo muy futurista, hasta que aparece la mosca en el pastel: la factura.

Aunque la CRT aumentó el espectro disponible, duplicar los bloques también puede incrementar el costo de entrada. Más capacidad significa mayores posibilidades tecnológicas, pero no necesariamente mayor accesibilidad económica.

Por ejemplo, en una región industrial como Ciudad Juárez, Chihuahua, el valor mínimo de referencia supera los cuatro millones de pesos por un bloque de 20 MHz durante diez años, además de los cargos asociados a la superficie autorizada.

Para una armadora internacional, semejante cantidad puede parecer el presupuesto del catering de una junta directiva. Para una empresa manufacturera mediana, representa una decisión financiera que requiere muchos cálculos y financiamiento.

Es que comprar espectro no significa tener una red funcionando. También hacen falta antenas, equipos, software, dispositivos compatibles, ingeniería especializada y ciberseguridad. Y, por supuesto, alguien que sepa operar todo ese ecosistema.

Por eso aquí aparece una oportunidad interesante para integradores, proveedores de infraestructura y operadores especializados que podrían vender todo en uno. Los parques industriales podrían formar consorcios, compartir inversiones y contratar servicios administrados para que varias empresas utilicen una infraestructura común.

Sería una manera de democratizar el acceso sin obligar a cada fábrica a convertirse en una pequeña compañía de telecomunicaciones.

Y pensando precisamente en el agandalle de los mismos de siempre que buscaran frecuencias pero con otra cara y RFC distinto, la CRT incorporó límites de acumulación de espectro, incluyendo un tope de 20% del recurso conjunto en determinadas bandas.

Sin embargo, evitar el acaparamiento no garantiza la participación de las pequeñas y medianas empresas. Las barreras financieras y técnicas pueden producir una concentración económica incluso cuando las reglas impiden la concentración radioeléctrica.

Los interesados podrán manifestar su interés del 19 al 23 de octubre. Esa primera ventana permitirá observar quiénes están dispuestos a participar. Para esa fecha sabremos si son fabricantes, operadores tradicionales, integradores tecnológicos, asociaciones industriales o consorcios regionales los que pujaran por las frecuencias.

El verdadero indicador no será cuántos megahercios se ofrezcan ni cuántas regiones aparezcan en el mapa oficial. Será cuántos nuevos participantes logren competir, obtener frecuencias y desplegar redes que realmente funcionen.

México lleva años hablando de fábricas inteligentes, transformación digital y competitividad industrial. Ahora tiene una oportunidad para conectar esos discursos con infraestructura real. Pero si solamente los gigantes pueden comprar boleto, entonces no estaremos democratizando la Industria 4.0; simplemente estaremos abriendo otro VIP pero ahora para robots.

Alta tecnología en HGM

Mientras algunos hospitales todavía parecen competir por el récord de impresoras descompuestas, el Hospital General de México “Dr. Eduardo Liceaga” decidió actualizar su arsenal tecnológico. Incorporó 126 equipos médicos de 16 especialidades, incluyendo secuenciación genética NGS, cirugía fetal asistida por láser, neuroendoscopios, microscopios quirúrgicos y sistemas de planeación estereotáctica 2D. La modernización fue posible mediante recursos de cinco fuentes públicas y privadas de donación, con 19.8 millones de pesos destinados a fondos de alta especialidad y otros 5.3 millones a tecnología para laboratorios e investigación. La incorporación de este arsenal digital y quirúrgico fortalece el soporte técnico de un centro que procesa más de 263 mil estudios diagnósticos y 33 mil cirugías de alta complejidad al año. Enhorabuena porque aquí vemos que la transformación digital también sirve para salvar vidas y no solamente para descargar aplicaciones que nadie utiliza.

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