Ciberseguridad: cuando el amor estafa; por Hugo González en El Universal

Ciberseguridad: cuando el amor estafa; por Hugo González en El Universal

febrero 12, 2026 0 Por Hugo González

El amor siempre ha sido un deporte extremo, pero en 2026 ya compite en la misma liga que la ciberseguridad. Alto riesgo, soldados caídos y casi nadie lee las advertencias antes de entrar.

Antier, 10 de febrero, se celebró el Día Internacional de Internet Seguro, una fecha que debería venir acompañada de un manual de supervivencia digital, financiera y emocional. Es que, en la era de la Inteligencia Artificial (IA), enamorarse en línea puede salir más caro que un divorcio mal negociado.

El desamor puede venir acompañado de un vaciado de cuenta bancaria, una suplantación de identidad o un expediente completo circulando en la deep web.  Es decir, la ciberseguridad dejó de ser un tema técnico y se convirtió en un problema íntimo, emocional y cotidiano.

El Foro Económico Mundial, en su Global Cybersecurity Outlook 2026, publicado en enero, dejó claro que el ciberespacio se está transformando en un campo de batalla donde la IA juega para ambos bandos. La IA ayuda a defender sistemas, pero también permite ataques más precisos, más baratos y más difíciles de detectar, incluso sin estar enamorado.

Alonso Santiago, CEO de Bambú Tech Services, asegura que la resiliencia digital ya no es opcional, es una obligación operativa. Una violación de datos en una empresa grande cuesta, en promedio, 2.9 millones de dólares por incidente. En las pymes, el golpe puede representar entre 5% y 15% de su facturación anual. Para muchas, ese porcentaje es la diferencia entre seguir operando o bajar la cortina.

México no está exento de este mal fario. A finales de enero de 2026, el grupo de ciberdelincuentes Chronus filtró 2.3 terabytes de información de instituciones federales, estatales y partidistas. El volumen equivale a datos personales de entre 36 y 36.5 millones de personas. Hasta ahora no existe un informe técnico oficial que explique con detalle cómo ocurrió la intrusión, pero la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones (ATDT) reconoció que parte del acceso se logró mediante el uso indebido de credenciales reales que seguían activas en los sistemas.

Proteger sistemas hoy implica cuidar identidades digitales, asegurar entornos en la nube, fortalecer a los proveedores tecnológicos y garantizar continuidad operativa. Solo en el primer semestre de 2025, México registró más de 40 mil millones de intentos de ciberataque, según la ATDT.

En el sector privado el panorama no es más alentador. Una investigación de Docusign y Onfido reveló que 57% de las empresas mexicanas perciben un crecimiento en los fraudes de identidad digital. La respuesta, según la propia industria, pasa por soluciones confiables en plataformas SaaS, verificación rigurosa de identidad y autenticación multifactor que combine biometría y validación documental.

Pero si las empresas y el gobierno enfrentan una tormenta, las personas están entrando de lleno en el ojo del huracán.

México avanza hacia un modelo donde la identidad digital será la llave de acceso a servicios financieros, telecomunicaciones, entretenimiento y trámites públicos. El padrón de líneas celulares, la CURP biométrica, el FAN ID en eventos deportivos y la banca digital con autenticación biométrica apuntan hacia una identidad única, verificable y transversal.

Para Fabián Fabela, Senior Marketing Director de NAAT.TECH, el debate ya no gira en torno a si se debe usar biometría, sino a cómo implementarla de forma segura y responsable. La identidad digital, sostiene la firma, vale tanto como el dinero o los documentos físicos. Ya no vive solo en una credencial, sino en bases de datos, aplicaciones bancarias y sistemas biométricos. Elegir tecnologías que validen a la persona y no solo la información se vuelve clave para reducir la suplantación de identidad.

La biometría, bien implementada, promete seguridad sin fricción. Ingresar a una app bancaria, acceder a un estadio o autorizar una transacción con el rostro o la huella ya forma parte de la rutina diaria. Tal vez por ello el 68% de las personas en México experimentó al menos un riesgo significativo en línea durante el último año, según la Encuesta Global Anual de Seguridad en Línea 2026 de Microsoft. Fraudes, estafas y engaños encabezan la lista de preocupaciones de los encuestados, sin importar la edad.

Aquí es donde el amor entra en escena, no como metáfora cursi, sino como vector de ataque. Las estafas basadas en ingeniería social, en particular las románticas, se han convertido en uno de los mayores retos para la seguridad bancaria moderna. La inteligencia artificial detonó su crecimiento. Hoy los estafadores no improvisan perfiles, los fabrican con IA generativa, los entrenan con chatbots avanzados y los refuerzan con imágenes, audios y videos manipulados.

La encuesta de Microsoft revela que el 85% de los mexicanos expresa inquietud por el impacto de la IA en abuso en línea, estafas y desinformación. Solo 29% cree poder distinguir con confianza entre una imagen real y una creada por IA. En ese terreno de incertidumbre, las estafas románticas prosperan. El Informe Global de Crímenes Financieros de Nasdaq estimó pérdidas anuales de 3,800 millones de dólares a nivel global por este tipo de fraudes.

Josué Martínez, de BioCatch, explica que las aplicaciones de citas y redes sociales son el terreno ideal. Los estafadores usan chatbots avanzados para mantener conversaciones afectuosas, sin errores, durante meses. Clonan voces para simular emergencias. Usan deepfakes para “aparecer” en videollamadas. Todo diseñado para generar confianza. Y funciona. Entre 2024 y 2025, estas estafas crecieron 63% a nivel global.

Por ello, el problema para los bancos es estructural. A diferencia de un robo tradicional, en la ingeniería social la víctima autoriza las transferencias usando sus propias credenciales y dispositivos. No hay anomalías evidentes. No hay “cuenta comprometida”. Solo una persona convencida de que está ayudando a alguien que ama o cree amar. Roger Grimes, asesor de CISO en KnowBe4, lo resume diciendo que las estafas románticas ya son un negocio completamente habilitado por la IA.

Dice que la única defensa real empieza a mirar el comportamiento humano como con la biometría conductual que analiza pausas, velocidad, indecisión. Detecta estrés. No lee corazones rotos, pero puede evitar transferencias fatales. No es infalible, pero es mejor que seguir creyendo que la educación digital básica resolverá un problema emocional amplificado por prompts.

Por ello, no es casual que los estafadores apunten a poblaciones mayores, con mayor acceso a capital y, muchas veces, con más soledad. Al dirigirse a mujeres, los estafadores suelen hacerse pasar por viudos exitosos y viajeros. Al dirigirse a hombres, a menudo se presentan como mujeres jóvenes y atractivas en trabajos humildes que buscan a un “hombre maduro” que las rescate de una vida difícil (Sugar Daddy). El amor como anzuelo sigue funcionando, aunque ahora viene envuelto en algoritmos.

El estudio “El Amor en los Tiempos de las Telecom” de The Competitive Intelligence Unit añade un dato incómodo. El 41.9% de las personas nunca ha descargado una app de ligue por percepción de inseguridad. El mercado crece, sí, pero la confianza no avanza al mismo ritmo. Y sin confianza, ni el amor ni la tecnología tienen futuro.

Tal vez el verdadero mensaje del Día de Internet Seguro y de San Valentín no sea técnico ni institucional. Tal vez sea una advertencia de que en la era digital, proteger los datos es también proteger las emociones. Porque cuando se pierde la cabeza, la ciberseguridad falla y no solo se pierde información; a veces, también se pierde el corazón… y el saldo de la cuenta.

Hugo Gonzalez Cuyryin positivo blablabla

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