Retiro en riesgo: por qué el sistema de pensiones mexicano ya no alcanza

Retiro en riesgo: por qué el sistema de pensiones mexicano ya no alcanza

enero 30, 2026 0 Por Jorge Arturo Castillo

Entre-Vistas

Gloria Arellano, abogada y especialista número uno en el tema de pensiones en México

  • El sistema de pensiones en México enfrenta límites estructurales que ponen en riesgo el retiro de las nuevas generaciones. Aportaciones insuficientes, trayectorias laborales fragmentadas y desinformación han convertido el modelo actual en una deuda intergeneracional. Gloria Arellano advierte que, sin planeación individual y cambios de fondo, el retiro digno seguirá fuera del alcance de la mayoría.
  • Cambios demográficos, informalidad y falta de planeación individual obligan a repensar el futuro laboral y financiero de las nuevas generaciones, señala la especialista Gloria Arellano.

Jorge Arturo Castillo

La discusión sobre las pensiones en México suele aparecer de manera intermitente, generalmente cuando se anuncia una reforma o cuando los primeros jubilados de un nuevo esquema descubren que sus ingresos no alcanzan para sostener su nivel de vida. Sin embargo, detrás de esa conversación coyuntural existe un problema estructural de largo plazo que, de acuerdo con especialistas, sigue sin resolverse.

Para Gloria Arellano, abogada con doctorado en Derecho y casi tres décadas de experiencia en seguridad social, el diagnóstico es contundente: el sistema actual no está diseñado para garantizar pensiones suficientes a la mayoría de los trabajadores. “No alcanza y no va a alcanzar”, resume al describir en entrevista con quien esto escribe: “Contamos con un modelo que enfrenta límites matemáticos, demográficos y laborales”.

Desde su origen en 1997, el sistema de cuentas individuales del IMSS prometió que cada trabajador construiría su propio ahorro para el retiro. Con el paso del tiempo, esa expectativa se ha ido diluyendo. Las aportaciones obligatorias resultan insuficientes, las trayectorias laborales son cada vez más fragmentadas y, en la práctica, la mayoría de los pensionados termina recibiendo únicamente la pensión mínima garantizada financiada por el Estado.

Un sistema que no logra sostener el retiro

Arellano explica que, incluso después de la reforma de 2020 —que incrementó gradualmente la aportación patronal—, el sistema sigue sin generar recursos suficientes para sostener pensiones dignas. La consecuencia es clara: durante al menos los próximos 20 o 25 años, una gran proporción de jubilados dependerá del apoyo público, trasladando el costo a las finanzas públicas y a las generaciones activas.

Este escenario convierte al sistema actual en una auténtica deuda intergeneracional. A medida que la población envejece y la esperanza de vida se extiende, el gasto en pensiones y salud aumenta, mientras la base de cotizantes crece a un ritmo menor.

El contraste entre la Ley del 73 y la Ley del 97 ilustra bien esta tensión. Mientras el régimen anterior ofrecía un beneficio definido basado en el salario promedio de los últimos años, el esquema actual depende estrictamente del ahorro acumulado a lo largo de la vida laboral.

Entre modelos incompletos y promesas incumplidas

Para Arellano, ninguno de los dos modelos es sostenible en su forma original. El sistema de beneficio definido se vuelve inviable en un país con mayor longevidad y menor tasa de natalidad; el de contribución definida fracasa si las aportaciones son bajas y las trayectorias laborales inestables.

En el sector público, el ISSSTE presenta particularidades adicionales. Tras la reforma de 2007, muchos trabajadores eligieron entre el décimo transitorio y las cuentas individuales sin información suficiente, confiando en proyecciones que prometían mejores pensiones.

Hoy, señala la especialista, alrededor del 80% de los pensionados del ISSSTE también accede solo a pensiones garantizadas. Aunque existen mecanismos como el ahorro solidario o los bonos por años cotizados, estos no han sido suficientes para revertir la tendencia general.

Desinformación, fraudes y riesgos crecientes

A este escenario se suma un fenómeno preocupante: la proliferación de supuestos asesores que prometen pensiones elevadas mediante esquemas irregulares. Redes sociales como TikTok se han convertido en un canal frecuente para difundir ofertas que no se sostienen legalmente.

“Hay que tener muchísimo cuidado”, advierte Arellano. En muchos casos, estas prácticas derivan en fraudes, auditorías internas y, finalmente, en pensiones reducidas o canceladas, afectando directamente a los trabajadores.

La recomendación es clara: desconfiar de promesas irreales y acudir únicamente a especialistas con trayectoria comprobable. La falta de cultura previsional se ha convertido en un factor de riesgo adicional dentro del sistema.

Mujeres y jóvenes ante un escenario adverso

Las consecuencias del sistema no afectan a todos por igual. Arellano identifica a las mujeres como uno de los grupos más vulnerables, debido a interrupciones laborales vinculadas al cuidado de hijos o familiares, lo que reduce semanas cotizadas y salario base.

Los jóvenes enfrentan un reto distinto, pero igual de complejo. La informalidad, el emprendimiento sin cotización y la menor estabilidad laboral dificultan alcanzar las semanas necesarias para una pensión adecuada.

A ello se suma un cambio demográfico profundo: la baja natalidad reduce la base futura de cotizantes, un fenómeno que ya ha puesto en jaque a los sistemas de pensiones en Europa y Asia.

Planeación individual: la única salida viable

Más allá del régimen aplicable, Arellano subraya dos variables clave para cualquier pensión: el salario base de cotización y la densidad de semanas cotizadas. Pese a ello, muchos trabajadores subestiman estos factores por falta de información o asesoría deficiente.

Frente a este panorama, la especialista insiste en que la planeación individual ya no es opcional. Durante décadas se asumió que el Estado resolvería el retiro, pero esa lógica dejó de ser viable ante los cambios económicos y demográficos.

“Somos responsables de nuestra vejez”, concluye Arellano. Para las nuevas generaciones, los planes personales de retiro y las aportaciones voluntarias no son un lujo financiero, sino una necesidad básica si se busca evitar una vejez con ingresos insuficientes y alta dependencia económica.

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