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CitiBanamex: ¿Debe Banxico crear una moneda digital?

Imagen de kalhh en Pixabay

El Banco de México debe reflexionar sobre la necesidad de crear una moneda digital, especialmente respecto a su relación con la inclusión financiera; la cual es baja en términos absolutos y relativos a su nivel de desarrollo; destaca la dirección de estudios económicos de CitiBanamex.

En una nota especial del equipo de análisis del grupo financiero, considera también que debe considerarse el acceso que podrían tener los mexicanos que laboran en EU a este tipo de instrumentos digitales y sobre el tipo de acuerdos con ese país respecto a las  transferencias. 

“Muchos países verán la conveniencia de emitirla (su propia moneda digital) independientemente de lo que hagan otros países. Pero también es cierto que la probable aparición de esas monedas forzará a reaccionar a países que no le hayan encontrado utilidad. Más aún cuando aparezca una moneda fuerte, como un euro o dólar digitales”, afirman los expertos del banco. 

La reflexión de los bancos centrales sobre crear una moneda digital se debió en buena medida al auge de los sistemas de pagos privados digitales, al uso extensivo de los teléfonos móviles, y en particular al de las cuasi monedas privadas digitales de uso global, cuyos ejemplos más destacables son la criptomoneda bitcoin (2009) y el  proyecto de moneda global estable privada Libra (2019); igualmente, ha constituido una cierta presión el esfuerzo de China por crear un yuan digital, el cual se encuentra en desarrollo avanzado, incluyendo un amplio programa  piloto (2020).  

Una moneda digital de un banco central (MDBC) sería un instrumento (un pasivo) de estas instituciones, denominado en la unidad de cuenta nacional, ofrecida a las personas y empresas bajo la forma digital para sus  pagos corrientes al menudeo. Tal moneda digital complementaría al efectivo (los billetes y monedas), que es la forma física de la moneda del banco central. 

Es claro que si algún país grande o región (o bajo ciertas circunstancias, un país  vecino) deciden crear su moneda digital, por ejemplo; un dólar o un euro digital, ello podría presionar a otros países  a emitir la propia, dependiendo de su diseño.  

Los depósitos bancarios de los bancos privados (la mayor parte de M1) pueden ser considerados cuasi-monedas digitales/electrónicas. Sirven en gran medida como medios de pago y depósitos de valor. No son unidad de cuenta,  pues los depósitos se miden en pesos del banco central. Son títulos de deuda emitidos por los bancos privados, a  partir de los cuales se puede exigir su transformación en moneda del banco central: la creación de esos depósitos  está respaldada y regulada por el banco central, quien puede actuar como prestamista de última instancia, en un  contexto en que buena parte de los mismos está protegida por un seguro.  

En contraste, el dinero público, emitido por el banco central (los billetes y monedas) cumple en condiciones  normales, con las tres funciones de una moneda: unidad de cuenta, medio de pago y depósito de valor. Hay confianza en su aceptación general (efecto de red) a partir de la obligatoriedad establecida por parte del Estado. Hay un emisor central, el cual accede a la ganancia de emitir algo que tiene un valor mucho mayor a su costo de emisión (señoriaje). Tiene el problema de que es difícil de transferir a  grandes distancias o en grandes cantidades, a diferencia de los medios de pago basados en los depósitos  bancarios o en el crédito (tarjetas de crédito o débito, cheques). 

Las monedas privadas digitales

La culminación de una moneda privada digital sería aquella que cumpla las tres funciones del dinero en un alto grado. Debe reconocerse que muchas monedas públicas, emitidas por bancos centrales, no necesariamente cumplen las tres funciones, y muchas veces son desplazadas parcialmente por otras monedas de bancos centrales o por un commodity como el oro. Hay una continuidad en el grado en que un instrumento cumple con esas tres  funciones. 

La visión de las criptomonedas ha evolucionado desde que apareció el Bitcoin hace poco más de diez años. El  hecho de no tener a un emisor central gubernamental, hizo que sufriera inicialmente de los efectos de red, pues no  hay un gobierno que obligara a su uso: poco aceptado y con un valor muy inestable, lo ha hecho poco propicio como depósito de valor a largo plazo y como medio de pago; se han añadido los riesgos que representa su uso  para actividades ilegales.

Pero la situación ha cambiado paulatinamente. De reconocerse solo el valor de la original  tecnología que utilizaba (libros de registro –blockchain—criptografiados que no requieren de un organizador central), ahora es incorporado poco a poco, tanto bitcoin como algunas otras criptomonedas, en carteras digitales de algunas grandes instituciones. Ha implicado que se vaya creando un sistema de pagos alrededor de esas criptomonedas. Y muy importante, son instrumentos globales. 

Los intentos por crear monedas privadas digitales cuyo valor sea relativamente estable, las tornan más viables para cumplir con las funciones de moneda citadas. Pero si la estabilidad se logra a costa de referenciarlas a monedas de bancos centrales, las hace aproximarse a los depósitos bancarios.

El proyecto Libra es el intento más ambicioso para crear una moneda así. Busca ser estable (con respaldo de monedas fuertes) y rompe desde el inicio con los  problemas de red, dada el alcance de su principal promotor, Facebook, con más de 2 billones de potenciales usuarios.

Los reguladores en muchos países, ya reaccionaron con mayor decisión frente a lo que lo hicieron frente al Bitcoin y otras criptomonedas, dado el enorme alcance potencial de Libra. De ahí que establecieron condiciones  de regulación significativas, que han obligado a cambiar muchas de sus características iniciales. 

La reflexión de los bancos centrales sobre crear su moneda digital (MDBC) 

En una encuesta de inicios del 2020 con 66 bancos centrales por parte del Banco de Pagos Internacionales con 21  bancos centrales de economías desarrolladas y 45 de en desarrollo (Banxico no participó) el 80% dijo estar ya  investigando el tema y la mitad añadió que ya ha superado la etapa conceptual y que comenzaron a realizar  programas pilotos. Un 10% de los bancos dijeron que era probable que emitieran una moneda digital del banco central (MDBC) en el corto plazo (hasta tres años) y un 20% en el mediano plazo (hasta seis años). Recientemente la Presidenta del Banco Central Europeo señaló que tenía la intuición que dentro de dos a cuatro años podría ser  emitido un euro digital.

Formalmente, en un reporte sobre el tema, Lagarde señaló que requieren estar listos para introducir un euro digital,  “por si surgiera la necesidad.5 Una de esas necesidades eventuales citadas era que monedas digitales extranjeras  desplazaran a los medios de pago existentes en la zona euro. Un yuan digital podría ser la primera moneda digital  de un banco central de gran relevancia internacional. Suecia, uno de los países donde el uso de efectivo ha  disminuido significativamente, podría ser uno de los primeros dentro de los países desarrollados a emitirla. 

Las principales motivaciones declaradas en esa encuesta para emitir una MDBC fueron varias: seguridad y  eficiencia de los pagos en el país y con el exterior y estabilidad financiera. Hay un factor que contrasta entre los  bancos centrales de los países en desarrollo y desarrollados naturalmente: para los primeros a la inclusión  financiera se le asigna mucha importancia como razón de emitir una moneda digital, mientras que a esa razón se le  asigna una menor importancia en los países desarrollados. 

En un reporte conjunto de 7 bancos centrales de países desarrollados, incluido el Banco Central Europeo y la  Reserva federal de EUA, de inicios de 2020, señalan que buscan entender los pros y contras de emitir una MDBC al  público en general, en un contexto cambiante de un mundo crecientemente digital.

Una MDBC puede facilitar las transacciones que el efectivo no  puede hacer, como es hacer expedito su uso a grandes distancias. Las cuentas universales de MDBC podría  enriquecer la diversidad del sistema de pagos y, dependiendo de su diseño, aumentar la eficiencia de las  operaciones internacionales. 

Una MDBC podría hacer más eficiente la política monetaria. Si las cuentas de las personas y empresas pagaran  una tasa de interés, los movimientos de la esa tasa de interés fijada por el banco central tendrían un mayor efecto,  además del tradicional donde juegan un rol privilegiado los bancos.

El tema de la inclusión financiera considerado como razón para apoyar un eventual MDBC sobre todo en los países  en desarrollo, parte de que, con la tecnología actual, y el hecho de que en muchos países hay mayor red telefónica  y uso de teléfonos inteligentes que cuentas bancarias, sería atractivo para la población acceder a tal moneda digital,  que requiere también una cuenta, en principio con el banco central. 

Los dilemas y riesgos 

No es aún claro si conviene que el acceso universal a una MDBC debe hacerse a través de abrir cuentas, con el  banco central, a todas las personas. Significaría que aumenta el peso del mismo en el sistema financiero, ahora el  de menudeo. Una alternativa es que tales cuentas se abran a través de los bancos privados. El incentivo para estos  sería promover una serie de servicios alrededor de una cartera digital por ejemplo, o el beneficio que daría el  conocimiento y contacto con esos clientes. Esas cuentas estarían separadas de los depósitos bancarios y no  podrían ser base para crear otros depósitos bancarios a través de préstamos. Hay también la idea de modelos  híbridos, que combinen ambas alternativas. 

Un punto crucial es en qué consiste el acceso universal antes señalado. En particular, está el tema de si extranjeros  podrían acceder a esas cuentas y si el sistema de transferencias entre países se desarrolla. Igualmente importante  es si esas cuentas tienen límites. 

A mayor acceso a extranjeros, ello apoya a la moneda de la región o del país, pues habría flujos que demandan  esas cuentas; aunque claro, una revaluación de la moneda emitida no siempre es lo deseable para tales países o  regiones. En contraposición, en el caso de monedas fuertes (a nivel mundial, o incluso a nivel regional), ello puede  crear vulnerabilidades en los países con monedas menos fuertes, sobre todo cuando se encuentren en situaciones  de incertidumbre o crisis.

Por otro lado, hay un dilema entre poner montos elevados, elevado acceso (no solo personas sino también  empresas) y tasas positivas en las cuentas universales de la MDBC (que impulsan la inclusión financiera) versus la  desintermediación bancaria que puede ocasionar. Además, en  situaciones de crisis, la moneda digital de los bancos centrales puede facilitar las corridas contra instituciones  financieras con y sobre todo las que no tienen seguros de depósitos o los montos por arriba de los límites del  seguro.  

En lo que respecta a los límites, hay debate sobre si poner un límite fijo (por ejemplo, hay ilustraciones de que 3,000  euros en la zona euro son suficientes para el uso de la MDBC como medio de pago), o descomponer la cuenta en  dos partes: una que recibiría una tasa de interés positiva y otra parte que no lo haría: incluso, bajo ciertas  circunstancias, se podría desestimular el uso de esa parte de la cuenta a través de tasas negativas.

El efectivo emitido por el banco central tiene la característica del anonimato en su uso, lo que es deseado por  muchas personas, con fines legítimos. La contrapartida es el uso del anonimato por motivos ilegales. Podría ser  que la conclusión de la mayoría de los bancos centrales sea la de una MDBC con un sesgo claro: proteger la  privacidad en general sobre el uso de la MDBC pero no así frente a las autoridades cuando se justifique por razones  de combate al lavado de dinero y financiamiento al terrorismo: la MDBC no intentará competir con el bitcoin y otras  cripto-monedas, que reivindican no solo la ausencia de emisor central y gubernamental sino el anonimato.  


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