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Ahora que ya me hiciste el favor de pasar por las páginas de ContraRéplica para ayudarnos entre todos y que este medio de comunicación siga creciendo y dando voz a muchos de nosotros, los rolleros profesionales; me atrevo a publicar una versión más larga de mi columna, la cual, como sabes; no cabe completa en el soporte físico que es el papel impreso.

Si no has leído mi columna de hoy, todavía estás a tiempo de tirarme el guante y sumar las visualizaciones de mi texto en ese medio pero si ya pasaste por allá, en este espacio puedes leer algunos párrafos de mi rollo que no se publicaron. Va pues… y gracias.

Yo soy de los que se siente emocionado y muy motivado por la sacudida que nos vino a dar el confinamiento social ocasionado por la COVID-19. Creo que enfrentarlo nos obligó a adaptarnos y cambiar nuestros paradigmas, vicios y objetivos. Sentirse obligados a mantener la comunicación, la productividad y el entretenimiento a distancia, nos aventó de sopetón al mundo digital que tanto nos habíamos negado y en el sector educativo el reto fue mayor pero muy provechoso.

Hace unos días el ITAM, en colaboración con The Competitive Intelligence Unit (The CIU) nos compartieron sus reflexiones sobre la posibilidad de que nuestros dispositivos móviles se conviertan en un salón de clases de bolsillo (Pocket Classroom) y aunque ya muchos han venido elaborando ideas sobre el beneficio de la gamificación en el sistema educativo nacional; pocos habían reparado en el enorme reto que significa la limitada conectividad del país.

Acostumbrado a alejarme de la estrategia poco empática del bote de cangrejos; he visto con simpatía el proyecto de Internet Para Todos del gobierno federal y antes de explicar el “por qué no”, me preocupo por encontrar el “cómo sí” echar a andar proyectos que ayuden a la mayor parte de la población. Este proyecto deberíamos apoyarlo todos.

Por eso me interesó la propuesta de los promotores de la Pocket Classroom, en el sentido de instrumentar esquemas de cobro revertido de datos en los cuales los estudiantes reciben un servicio de internet móvil gratuito.

Según explican los maestrazos del ITAM y de The CIU (¡Hola, Ernesto!) estos esquemas funcionan como números gratuitos para llamadas telefónicas en los que quien recibe la llamada es responsable de pagar la tarifa del servicio, es decir, una especie de servicio 1-800 pero aplicado a datos o navegación móvil, y exclusivamente para fines educativos.

Sin embargo, tampoco soy ingenuo y entiendo que lamentablemente en nuestro país siempre hay malandros que buscan aprovecharse de nobles iniciativas para hacer negocios ilegales o por lo menos, inmorales; por eso pregunté si sería un subsidio o quién asumiría el costo, y lo que me explicaron es que podrían darse convenios entre firmas tecnológicas y los operadores de telecomunicaciones o también podría ser que ese costo saliera del presupuesto de la autoridad educativa o los gobiernos estatales.

También podría haber organizaciones de escuelas privadas o de universidades privadas que pudieran asumir el costo de un cobro revertido, y que los beneficiarios sean sus alumnos que pertenecen a los hogares con menor nivel de ingresos, quienes actualmente, utilizan esquemas tarifarios de prepago. ¿Pero donde no hay conectividad?

Hacen mancuerna
Bien por la firma Casa Mazatlán, de Roberto Arámburo, quien se unió con CellPay, que lleva Lucio Arreola, para echar a andar una aplicación donde los más de 100 mil clientes mensuales que visitan las 215 sucursales de la casa de empeño con presencia en México, Guatemala y sur de los Estados Unidos, podrán obtener el dinero de su empeño sin manejar efectivo y hacer compras en cualquier establecimiento o retirar su dinero de cajeros automáticos. Así, con la nueva solución digital y la falta de liquidez que existe debido al paso del Coronavirus, se espera que esta casa de empeño, con más de 35 años de experiencia, coloque alrededor de 500 mil microcréditos prendarios durante lo que resta del 2020; un año que se caracterizará por una mayor utilización de las operaciones electrónicas.

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Periodista especializado en Negocios y tecnologías de la información. Colaborador de Adriana Pérez Cañedo en NRM comunicaciones y de Eduardo Ruiz-Healy en Radio Formula, Columnista en el diario ContraReplica e integrante de la Barra de Opinión de TV Azteca ADN40. Fue columnista, editor de Negocios y comentarista de TV en Grupo Milenio. También fue columnista y analista en El Heraldo Media Group y en Reaktor del Grupo IMER. Comunicólogo tecnoruco y businnessrocker solidario, de mente fría pero apasionado por la creatividad. Le va al América y le encanta el albur y el doble sentido. Chairo de corazón y respetuoso de opiniones diversas. Amante de México y sus mexicanos chidos.

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