El sindicalismo ante el espejo del TMEC; por Hugo González en ContraRéplica

El sindicalismo ante el espejo del TMEC; por Hugo González en ContraRéplica

febrero 11, 2026 0 Por Hugo González

El sindicalismo mexicano atraviesa momentos históricos. De un lado, discursos de renovación, unidad y democracia; del otro, prácticas heredadas que sobreviven con sorprendente vitalidad. Todo ocurre bajo la lupa del Tratado Comercial entre México, Estados Unidos y Canadá (TMEC), donde el capítulo laboral dejó de ser un anexo para convertirse en munición política y económica.

La Confederación de Trabajadores de México (CTM) llega a su XVII Congreso General en medio de ese cruce de caminos. Fernando Salgado Delgado, secretario general adjunto del Comité Nacional y aspirante a la dirigencia, reconoce sin rodeos que la CTM vive una coyuntura histórica. Los cambios generacionales, legales y tecnológicos obligan a replantear el papel de una central que agrupa a millones de trabajadores en un país donde la informalidad sigue siendo la norma y no la excepción.

La apuesta de Salgado pasa por una Planilla de Unidad que promete representación sindical y contratación justa para quienes hoy sobreviven fuera del radar laboral. El discurso incluye palabras como capacitación, reconversión laboral y automatización.

En ese contexto, la decisión de Carlos Aceves del Olmo de no buscar la reelección se presenta como un gesto de orden y control de daños. Renovarse sin romperse, dirían algunos. Mantener la unidad mientras se cambia de piel.

Pero el sindicalismo no es un bloque homogéneo y ahí aparece la otra cara de la moneda. El Sindicato Nacional Alimenticio y del Comercio (SNAC) se convirtió en ejemplo involuntario de cómo el nepotismo puede disfrazarse de modernidad. Con 17 mil afiliados, el SNAC acumula críticas por la gestión de su líder, Alejandro Martínez Araiza, quien heredó el cargo como si se tratara de un negocio familiar y no de una representación colectiva. El contraste se vuelve más incómodo cuando el dirigente presume en redes sociales una supuesta participación en la negociación del capítulo laboral del TMEC.

La disidencia no solo cuestiona el origen del liderazgo, sino el manejo del patrimonio sindical. Hablan de activos desaparecidos, de cuotas que suman cientos de millones de pesos sin informes claros y de procesos electorales viciados. Una sola planilla, elecciones fuera del calendario estatutario y autoridades laborales ausentes no suenan precisamente a voto libre y secreto.

Ese tipo de prácticas son justo las que las centrales obreras estadounidenses utilizan como argumento para cuestionar la continuidad del tratado. Los contratos colectivos firmados a espaldas de los trabajadores y el llamado dumping social se convirtieron en banderas del activismo sindical del norte.

La democracia sindical dejó de ser un ideal abstracto. Hoy es una exigencia concreta que puede definir inversiones. El sindicalismo mexicano tiene frente a sí la disyuntiva de adaptarse con reglas claras o seguir ofreciendo munición a quienes dudan de su credibilidad.

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