El dato también viaja con las mercancías

El dato también viaja con las mercancías

septiembre 21, 2026 0 Por Jorge Arturo Castillo

Claves del Futuro

Durante años, la trazabilidad respondió una pregunta sencilla: ¿dónde está el producto? Tecnologías como RFID están cambiando la conversación porque conocer su ubicación importa, pero entender su recorrido puede valer todavía más.

Jorge Arturo Castillo

Hay tecnologías que durante mucho tiempo permanecen detrás del escenario hasta que las necesidades del mercado terminan por colocarlas bajo los reflectores. La identificación por radiofrecuencia, mejor conocida como RFID, pertenece a esa categoría. No nació ayer ni forma parte de la oleada de herramientas que recientemente aprendimos a presentar como revolucionarias, pero está adquiriendo una nueva relevancia conforme las empresas descubren que uno de sus activos más importantes no siempre está en aquello que venden, sino en la información que generan mientras lo producen, almacenan, transportan y comercializan.

Pensemos en algo tan cotidiano como una caja que sale de una fábrica. Durante su recorrido puede entrar a un almacén, cambiar de ubicación, subir a un vehículo, llegar a un centro de distribución y terminar en una tienda. Cada uno de esos movimientos cuenta una pequeña parte de la historia de la operación. Durante años, muchas compañías se conformaron con saber que la mercancía había llegado a su destino; ahora necesitan conocer qué ocurrió durante el trayecto y, sobre todo, convertir esa información en decisiones.

Ahí comienza la verdadera transformación. RFID permite identificar y seguir productos o activos mediante etiquetas que transmiten información a dispositivos lectores, pero reducir esta tecnología a una especie de localizador sofisticado sería quedarse con una parte muy pequeña de sus posibilidades.

Una etiqueta no hace inteligente a una empresa

La tentación de muchas organizaciones frente a una nueva tecnología consiste en comprar primero y preguntarse después qué problema resolverán con ella. Sucedió con aplicaciones, plataformas digitales, inteligencia artificial y probablemente seguirá ocurriendo con cualquier innovación que consiga suficiente atención.

RFID tampoco escapa de ese riesgo. Colocar etiquetas en cientos o miles de productos puede generar una enorme cantidad de información, aunque acumular datos no equivale automáticamente a entender un negocio. Para conseguirlo hacen falta lectores, antenas, terminales y, especialmente, software capaz de procesar esos registros y relacionarlos con los sistemas utilizados por la compañía.

EAS Systems, empresa mexicana especializada en soluciones integrales de seguridad electrónica y RFID, plantea precisamente que el valor se encuentra en la integración entre hardware y software. Una implementación puede conectarse con plataformas ERP para planificación de recursos empresariales o WMS para gestión de almacenes, de manera que aquello que ocurre físicamente dentro de una operación también tenga un reflejo digital.  

Parece una diferencia técnica, pero en realidad es empresarial. Una cosa es saber que una caja atravesó determinada puerta y otra muy distinta conseguir que ese movimiento actualice automáticamente un inventario, advierta una diferencia, confirme una recepción o aporte información para calcular futuras necesidades de abastecimiento.

Tecnología sin integración puede producir más datos. Tecnología correctamente integrada puede producir conocimiento.

El inventario empieza a contar historias

Algo interesante sucede cuando seguimos esa lógica a lo largo de una empresa. En logística y distribución, por ejemplo, procesos manuales de recepción y expedición pueden automatizarse. Dentro del comercio minorista, conocer con mayor precisión la existencia disponible facilita desde las auditorías hasta operaciones omnicanal, como comprar mediante internet y recoger posteriormente en una tienda.

Compras y abastecimiento encuentran otra lectura. Saber cómo rotan realmente los productos puede ayudar a realizar pronósticos, evitar inventarios excesivos y utilizar mejor el capital. En manufactura, seguir componentes durante distintas etapas permite observar dónde aparecen cuellos de botella. El documento de EAS Systems identifica precisamente esos cuatro ámbitos —logística, retail, compras y manufactura— como espacios donde RFID puede generar eficiencias operativas. 

21 Sept Com La revolución de la trazabilidad El papel estratégico de las empresas especializadas en RFID.doc

Pero aquí aparece una idea que me parece todavía más interesante: un inventario puede convertirse en una fuente de inteligencia empresarial.

Cada movimiento deja un registro. Acumulados y correctamente interpretados, esos registros permiten observar comportamientos que difícilmente serían visibles desde una hoja de cálculo actualizada ocasionalmente. Ya no hablamos únicamente de cuántas unidades existen, sino de cuánto permanecen almacenadas, cómo se desplazan, dónde se producen retrasos y qué patrones comienzan a repetirse.

EAS Systems utiliza el concepto Smart Data para describir ese aprovechamiento de la información. La compañía sostiene que una mayor visibilidad puede ayudar a detectar fugas de capital y disminuir mermas relacionadas con robo, caducidad o extravío.  

La idea merece atención porque durante años hablamos de Big Data como si el tamaño fuera el atributo más importante de los datos. Quizá muchas empresas están descubriendo algo más elemental: no necesitan necesariamente tener más información, sino conseguir que aquella que ya producen sirva para responder mejores preguntas.

De seguir productos a entender negocios

Durante buena parte de la historia empresarial moderna, inventariar significó contar. Después aprendimos a identificar y posteriormente a localizar. El siguiente paso parece estar en interpretar.

Esa evolución explica por qué tecnologías aparentemente discretas pueden adquirir un papel estratégico. RFID no tiene el atractivo mediático de la inteligencia artificial generativa ni promete conversar con nosotros, escribir un informe o producir una imagen en segundos. Hace algo bastante menos espectacular: registra movimientos.

Sin embargo, detrás de esos movimientos está ocurriendo buena parte de la vida de una empresa.

Una mercancía que permanece demasiado tiempo almacenada, un componente que se detiene repetidamente en determinada etapa o una diferencia constante entre existencias registradas y reales pueden parecer problemas independientes. Cuando los datos permiten observarlos como patrones, comienzan a contar otra historia.

Por eso el futuro de la trazabilidad probablemente no estará únicamente en seguir mejor las cosas. Estará en aprender a escucharlas. Cada producto, activo o componente deja rastros digitales durante su recorrido y, si una organización sabe interpretarlos, esos rastros pueden revelar cómo funciona realmente el negocio.

Código Abierto

Durante años repetimos que la información es poder. En las empresas digitales quizá convenga actualizar la frase: la información que puede convertirse en una decisión es la que realmente tiene valor. Acumular millones de registros sirve de poco cuando permanecen encerrados en sistemas incapaces de comunicarse entre sí.

RFID ofrece un buen ejemplo de esa transformación silenciosa. La etiqueta puede ser la parte visible, pero la innovación ocurre detrás, cuando hardware, software y datos consiguen trabajar juntos. Al final, saber dónde está una caja resulta útil; comprender qué nos dice todo su recorrido puede cambiar la manera de administrar una empresa.

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