
Cuando lo digital también necesita una revisión presencial
agosto 28, 2026Columna Claves del Futuro

La transformación digital ha convertido al software en parte esencial de la operación empresarial. Una reciente precisión sobre controles volumétricos recuerda, sin embargo, que digitalizar un proceso no elimina la necesidad de demostrar que la tecnología funciona como debería en el mundo real.
Jorge Arturo Castillo
Resulta cuando menos curioso. Durante años, una de las grandes promesas de la transformación digital ha sido permitirnos hacer a distancia aquello que antes exigía estar presentes. Operaciones bancarias, reuniones, compras, trámites y procesos empresariales completos pueden realizarse hoy desde una computadora. En medio de esa carrera hacia lo remoto, una disposición relacionada con el sector energético plantea una aparente contradicción: para comprobar que determinada tecnología funciona correctamente, alguien tiene que ir hasta donde se encuentra y verla operar.
El caso involucra a los controles volumétricos utilizados en el sector de hidrocarburos. La Entidad Mexicana de Acreditación (EMA) emitió una circular informativa dirigida a las Unidades de Inspección en esta materia, relacionada con los Anexos 21 y 22 de la Resolución Miscelánea Fiscal 2026. Entre sus precisiones destaca que la verificación de la correcta operación y funcionamiento de los equipos y programas informáticos utilizados para llevar estos controles debe realizarse mediante una inspección presencial.
Más allá de estaciones de servicio, petrolíferos y disposiciones fiscales, detrás de esta decisión existe una conversación mucho más interesante para cualquier empresa que esté digitalizando sus operaciones. Una cosa es tener información almacenada en un sistema y otra, muy distinta, poder demostrar que esa información corresponde con aquello que realmente sucedió.
Los controles volumétricos ayudan a registrar información relacionada con recepción, almacenamiento, inventarios y movimientos de hidrocarburos y petrolíferos. No basta, por tanto, con comprobar que determinado programa esté instalado en una computadora o pueda generar correctamente un archivo. Detrás existe una infraestructura en la que software, equipos, mediciones, procesos y datos tienen que funcionar de manera coordinada. Ahí comienza una historia tecnológica que rebasa por mucho al sector energético.
Cuando el dato necesita demostrar de dónde viene
Pensemos en algo bastante cotidiano. Consultamos una aplicación bancaria y damos por hecho que el saldo mostrado corresponde con nuestro dinero; abrimos una plataforma empresarial y confiamos en los inventarios que aparecen en pantalla; recibimos un reporte generado automáticamente y suponemos que los datos reflejan aquello que ocurrió durante la operación. Buena parte de nuestra vida digital depende precisamente de esa confianza.
En actividades sujetas a regulación, confiar no siempre resulta suficiente. De acuerdo con la precisión difundida por la EMA, la inspección de controles volumétricos comprende la recopilación de información, el levantamiento de información en sitio y posteriormente la emisión de hallazgos y conclusiones. Acudir al lugar permite constatar las condiciones existentes al momento de la evaluación y verificar directamente la operación de equipos y programas informáticos.
Gustavo Hernández, director general de Metroenergy, Unidad de Inspección especializada en controles volumétricos, explica que el proceso no debe limitarse únicamente a una revisión documental o remota, precisamente porque resulta necesario constatar directamente las condiciones bajo las cuales operan los equipos y programas informáticos utilizados por el contribuyente.
Vista de esta manera, la presencialidad deja de parecer una contradicción frente a la digitalización. Su propósito no consiste en sustituir la tecnología por una persona, sino en comprobar que aquello que sucede dentro del sistema tiene correspondencia con lo que ocurre fuera de él.
Durante buena parte de la transformación digital, las empresas entendieron la incorporación de tecnología como una forma de eliminar procesos físicos. Menos papel, traslados e intervención humana, acompañados por mayor automatización, significaban casi inevitablemente más eficiencia. Esa lógica continúa siendo válida, aunque comienza a resultar insuficiente cuando los sistemas producen información que debe demostrar su integridad, trazabilidad o correspondencia con una operación real.
Guardar información no siempre significa tener evidencia
Quizá una de las mayores transformaciones de nuestra relación con la información sea la facilidad para conservarla. Prácticamente todo deja una huella: archivos, respaldos, historiales, registros de acceso, transacciones y bases de datos permiten regresar meses o incluso años para reconstruir determinados acontecimientos.
Esa enorme memoria digital puede generar una percepción engañosa: pensar que aquello que no comprobamos hoy siempre podremos demostrarlo mañana. En determinadas operaciones, almacenar el registro y acreditar las condiciones en las que fue generado son dos cosas diferentes.
La circular de la EMA introduce precisamente el factor tiempo. Las inspecciones deben realizarse dentro del ejercicio fiscal correspondiente, los certificados tienen vigencia anual y la verificación refleja las condiciones de los equipos y programas existentes en el momento en que se efectúa. Bajo el criterio señalado, tampoco será posible emitir certificados correspondientes a ejercicios fiscales anteriores a partir de la publicación de la circular.
Para las empresas involucradas, la consecuencia es muy concreta. Desde Metroenergy, Hernández destaca la importancia de programar con anticipación las verificaciones y evitar dejar el proceso para el cierre del ejercicio fiscal. Ya no hablamos solamente de cumplir una obligación, sino de hacerlo cuando todavía pueden comprobarse las condiciones que deben ser verificadas.
En términos tecnológicos, la diferencia es todavía más interesante. Un archivo puede conservar un dato durante años, pero eso no necesariamente demuestra las condiciones bajo las cuales fue producido. Conforme los sistemas digitales intervengan en procesos cada vez más críticos, esa distinción entre información y evidencia adquirirá mayor relevancia.
El siguiente paso de la transformación digital
Inteligencia artificial, sensores, automatización, plataformas empresariales y análisis masivo de datos están reduciendo la intervención humana en innumerables actividades. Empresas completas comienzan a tomar decisiones a partir de información generada automáticamente y la tendencia difícilmente se revertirá. Precisamente por ello crecerá otra necesidad: demostrar que podemos confiar en los sistemas a los que estamos entregando cada vez más responsabilidades.
Lo que hoy ocurre con los controles volumétricos puede parecer un asunto extremadamente especializado del sector energético, pero anticipa una discusión que llegará a muchas otras industrias. Conforme una mayor parte de la operación empresarial ocurra dentro de sistemas digitales, será necesario desarrollar mejores mecanismos para comprobar qué información producen, cómo la generan y hasta dónde corresponde con aquello que realmente ocurrió.
Durante años preguntamos qué procesos podían trasladarse del mundo físico al digital para hacer más eficientes a las empresas. La siguiente etapa probablemente nos obligará a formular una pregunta diferente: ¿cómo demostramos que podemos confiar en aquello que digitalizamos?
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