Abogado del diablo // Columna de @hugogonzalez1 en Milenio

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¿Por qué somos así los mexicanos? Somos mitoteros y conspiracionistas por naturaleza. Por eso hay iluminados (chairos y derechairos) que al primer hervor satanizan o quieren ver rodar cabezas como si fuera juego de pelota autóctono. Será nuestra herencia indígena o simplemente son las ansias de venganza ante tanto latrocinio e impunidad vistos por décadas. Tal vez por eso nos subimos tan rápido al tren del mame y caemos en el síndrome del perro de azotea: oímos ladrar al primer perro y luego ya no sabemos por qué ladramos.
Obviamente me refiero al asunto del socavón en el tristemente célebre Paso Express de Cuernavaca, pues, a riesgo de comenzar a recibir un ramillete de saludos para mi jefa, creo que nos estamos acelerando y en lugar de encontrar justicia queremos venganza. Por supuesto que no menosprecio el impacto de la tragedia, pero en lugar de pedir en automático la cabeza del titular de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), Gerardo Ruiz Esparza, vamos a esperar que los especialistas nos digan dónde recaen las responsabilidades.
Coincido con la posición de la Federación de Colegios de Ingenieros Civiles de la República Mexicana, que encabeza Tito Guillermo Fenech Cardoza, que sugiere que antes de sacar las antorchas, revisemos los estudios previos, el proyecto ejecutivo, procesos de asignación de contratos, supervisión de obra, ejecución de la misma y ampliaciones de contratos para, en su caso, “sancionar a los responsables, ya sea empresa proyectista, supervisora, ejecutora o funcionario de la secretaría”.
La Federación de Ingenieros explica que cada obra licitada cuenta con un expediente técnico completo, que incluye estudios previos como mecánica de suelos, hidrológico, topográfico e impacto vial y urbano. Además, cuenta con memorias de cálculo estructural, planos ejecutivos, catálogo de conceptos con partidas enlistadas y acorde con especificaciones generales o particulares. Asimismo, todo cambio a cualquier proyecto está contenido en sus documentos de control y en este caso, por ser una obra federal, cuenta con una bitácora electrónica. O sea, información hay.
Estoy seguro de que, pese a tener miles de contratos, la SCT tiene todo documentado y cuenta con la información completa para encontrar a los verdaderos culpables. Me consta que la SCT ha sido de las pocas dependencias de esta administración donde la información fluye de manera expedita y, aunque en estos momentos funjo como el abogado de un diablo que nunca pensé compadecer, no creo que el gobierno esté instalado en el valemadrismo, sobre todo tomando en cuenta que, pese a haber sido líderes en la ingeniería civil latinoamericana durante años, las constructoras mexicanas han sido desplazadas en los contratos de obra pública.

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