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Trump no se irá antes de 2021; opinión de Eduardo Ruiz-Healy

No me he cansado ni me cansaré de expresar que Donald Trump me desagrada y que para mí representa lo que la historia registrará como un capítulo negro en la historia estadounidense.
Desde antes de que se convirtiera en el presidente número 45 de Estados Unidos dije que es un neofascista, neonazi, xenófobo, racista, sexista, populista y demagogo. También cité a prominentes psiquiatras estadounidenses que lo han diagnosticado como un narcisista, ególatra y, tal vez, psicópata.
Estoy seguro que durante los próximos cuatro años Trump generará problemas para México y gran parte del mundo. Sus decisiones desquiciarán a la economía y el comercio mundiales, provocarán nuevas guerras en Medio Oriente, substituirá alianzas añejas y probadas por alianzas nuevas y nada confiables. En fin, su gobierno tendrá un efecto disruptor dentro y fuera de su propio país.
También reconozco que lo más probable es que cumpla con su mandato y pretenda reelegirse para uno más en 2020, siempre y cuando no muera antes por razones de salud o de otra naturaleza. Recordemos que en junio entrante cumplirá 71 años de edad y nada garantiza que pueda mantener su vigor y energía durante los próximos años.
Ahora bien, pese a que no comulgo con las ideas de Mr. Trump, no veo en el horizonte cercano algo que le impida gobernar como se le antoje, aunque para hacerlo viole la Constitución de Estados Unidos y tenga que defender sus actos ante los tribunales de su país, incluida la Suprema Corte que dentro de unas semanas tendrá una mayoría de jueces conservadores que seguramente apoyarán muchas de sus decisiones y las declararán constitucionales.
Todo lo anterior viene a cuento porque desde que asumió el cargo, el 20 de enero pasado, la mayoría de los analistas y comentaristas mexicanos hablan de Estados Unidos como si lo hicieran de México, demostrando un profundo desconocimiento del sistema político y del ciudadano estadounidenses.
Los estimados colegas, si ven marchas contra Trump predicen que es el preámbulo de su caída, sin considerar que también hay manifestaciones a su favor, si bien menos ruidosas y violentas.
Si ven que los principales medios impresos y electrónicos lo critican dan por seguro que ese es el sentir de la mayoría de los estadounidenses sin detenerse a pesar que el desprestigio de esos medios es inmenso.
Si ven que los intelectuales, los economistas, los directivos de muchas grandes corporaciones, algunos republicanos y todos los demócratas, los diplomáticos y otros miembros de establishment critican a Trump olvidan que éste ganó la elección precisamente porque fue el candidato que más atacó a dicho establishment.
Hay quienes aseguran que los republicanos van a traicionar a Trump porque él no es uno de ellos pero olvidan que, como los políticos profesionales que son, la pensaran más de dos veces antes de enfrentarse al inmenso poder de la presidencia estadounidense y que lo apoyarán mientras el hacerlo les convenga a ellos y a su partido.
Los analistas mexicanos olvidan que Trump no es el primero ni será el último de los presidentes estadounidenses capaz de polarizar a la opinión pública de su país. En su libro Polarized America (MIT Press, 2016), los politólogos Nolan McCarty, Keith Poole y Howard Rosenthal demuestran que en el periodo 1865-1917, es decir durante los años posteriores a la Guerra Civil hasta la entrada de Estados Unidos a la Primera Guerra Mundial, la política de Estados Unidos estuvo altamente polarizada y que dicha polarización amainó entre los años 1917-1952 cuando, con la elección de Dwight Eisenhower en 1951, las divisiones políticas nuevamente se fueron dando cada año con mayor intensidad.
No nos engañemos, Trump llegó para quedarse, nos guste o no, nos convenga o no. Lejos de especular si se irá antes de 2020, mejor analicémoslo correctamente para mejor enfrentar sus embates.
Sitio web: ruizhealytimes.com
Twitter: @ruizhealy

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Written by Redacción

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