¿Estamos en una guerra mundial encubierta? la reflexión de @hugogonzalez1 vía

¿Estamos en una guerra mundial encubierta? la reflexión de @hugogonzalez1 vía

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No sé cómo te sientas ahora que apenas han pasado dos  días desde que de manera voluntaria muchas empresas e instituciones arrancaron su cuarentena y su estrategia de home office. Yo, la verdad, cómo llevó varios meses y años haciendo home office, me siento un poco aburrido porque para mi, se me están acabando las pocas oportunidades que tenía de salir a la calle.

Y no es que me moleste estar con mi familia 24 horas al día, sino que a veces es bueno saber que hay vida afuera y que no te estás quedando solo. Yo tengo la oportunidad de trabajar, distraerme y hasta ejercitarme dentro de mi casa, pero ¿acaso has pensado en las personas que viven en departamentos de 60 u 80 metros cuadrados?

Por eso, aunque los intolerantes no respeten mi forma de pensar; yo soy de los que te recomienda Quédate En Casa, SOLO LO NECESARIO. Y antes de que saltes de coraje y me cuelgues todas las maldiciones e insultos que conoces, ESCUCHA y REFLEXIONA. Tal vez tu y yo, que tenemos un ingreso más o menos constante, podemos darnos el lujo de no salir a las calles, pero ¿has pensado en la gente que vive al día y que recibe dinero de las personas que salen a la calle?

Recuerdo que en 2017, después del terremoto (bis) del 19 de septiembre, muchos intolerantes de las redes sociales casi reportan mi cuenta solo porque me atreví a pedir que regresáramos a trabajar una semana después del sismo. Lo dije entonces y lo repito: lo que nos mantiene vivos es el trabajo, el servir a los demás, el sentirse útil; y una sociedad encerrada se deprime, se frustra, se acobarda, se hace pequeña. Insisto, debemos trabajar y salir a la calle siguiendo las recomendaciones de seguridad sanitaria. No todos pueden quedarse en casa haciendo home office.

¿Has pensado en los choferes del transporte público, la señora de los tamales, los viene-viene del súper, la señora que vende jugos, los taqueros, los de los tianguis, los vendelibros, las papelerías, las peluquerías y estéticas, los albañiles maestros y macuarros, la señora que les lleva comida; los que venden lunches a los Godinez, los vende chicles, gorditas de nata, cocas y aguas; los voceadores, los meseros, las fonditas?

Si la actividad económica se detiene, se detiene la vida; se nos agota la empatía y las calles se parecen ciudades fantasma o en toque de queda. Por eso, comienzo a pensar que estamos en medio de una guerra mundial encubierta la cual empezó con la batalla comercial-tecnológica EU vs China. Dicha batalla resultó perjudicial para muchas empresas nortemericanas que ya dependían de la proveduría y los mercados chinos, lo que obligó a los gringos a retroceder filas.

La segunda batalla habría sido en el frente biológico pues independientemente de si el virus del Covid-19 fue de manufactura gringa o china, lo cierto es que el contagio que se volvió epidemia y luego pandemia, vino a debilitar a la fábrica mundial china, supuéstamente en beneficio de occidente.

Cierto o no, el asunto es que China dejó de producir y bajó su demanda de petróleo y con ello los inventarios del aceite en el mundo se llenaron, obligando a que los mayores productores, es decir, la OPEP + (los productores e invitados) tuvieran que buscar una alternativa a la menor demanda que ya jugaba en contra de los precios porque había mucho petroleo en el mercado. Este podría ser el frente de la batalla energética.

El problema es que la OPEP+ no pudo llegar a acuerdos para que todos bajaran su producción y tanto Arabia Saudita como Rusia se pusieron muy gallos a jugar a las vencidas pues ninguno de los dos quiso sacrificarse para darle en la torre a los productores gringos de petroleo de esquisto. Así, decidieron aumentar más la producción de petróleo a ver cuál de los dos aguanta más. Rusia dijo que le alcanzaba para tres meses con bajos precios del petróleo.

Arabia Saudita estaría jugando un papel de doble agente pues por un lado quiere ahorcar a los siempre abusivos productores gringos de petroleo y gas de esquisto, pero al mismo tiempo jugo en favor de los intereses norteamericanos para frenar el poderío de Rusia en el mercado energético y para ponerle un madrazo a Irán y a Venezuela de paso.

Por supuesto que al verse en medio de una incertidumbre económica porque no saben cómo afectará la guerra de precios a las economías de los productores, los especuleros, perdón, los inversionistas; deciden retirar sus dólares de mercados de riesgo como las bolsas de valores, provocando que mucha gente quiera comprar bonos de deuda soberana, como los del Tesoro de EU y otros países, pues se supone que es más difícil que los gobiernos no paguen sus bonos. Esta sería la batalla económica

Esto genera una mayor demanda de dólares (por que los bonos se compran en dólares), encareciendo el tipo de cambio y provocando que los precios de las acciones de empresas en los mercados bursátiles se desplome pues nadie quiere correr el riesgo de que una empresa petrolera, aerolínea, automotriz o tecnológica se quede sin clientes y se vea en problemas financieros que le impidan pagar las utilidades o los dividendos a quienes compraron sus acciones. Ese riesgo se incrementó sensiblemente el día que el presidente gringo prohibió los vuelos comerciales entre Europa y Estados Unidos debido al Covid-19. Es aquí que aparece la batalla financiera donde los chinos, quienes tienen las mayores reservas de dólares del mundo; podrían estar comprando acciones de empresas norteamericanas devaluadas en las bolsas. Si no lo hicieron, ¡qué weyes!

Y ya en medio de la paranoia creada por el cierre de las fronteras, los vuelos, las compras de pánico y la actividad económica gringa semiparalizada; surge la posibilidad de ver una batalla en el frente cibernético pues con el apetito de obtener información y atención sobre la pandemia, muchos gringos que estarán trabajando en sus casas, están expuestos a los ataques cibernéticos y posiblemente abriendo miles de puertas por donde los malosos pueden entrar a dominar sus computadoras, smartphones o dispositivos. (ya es mucha paranoia ¿no?) Jejeje.

Estas reflexiones me salen del alma y son los resultados de estar encerrrado en casa y leyendo mucho.  Tal vez me la estoy prolongando y son puras burradas (trataré de sustentarlas con información verosímil) pero las escribo porque si no, me va a estallar la cabeza con tanta información. No soy economista, ni especialista en estos temas, sin embargo, en mi carrera periodística he visto otras crisis financieras y de salud, pero ninguna como esta. Yaaaaaaa, tienes razón, ya cállese viejo lesbiano….

 

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Periodista especializado en Negocios y tecnologías de la información. Colaborador de Adriana Pérez Cañedo en NRM comunicaciones y de Eduardo Ruiz-Healy en Radio Formula, Columnista en el diario ContraReplica e integrante de la Barra de Opinión de TV Azteca ADN40. Fue columnista, editor de Negocios y comentarista de TV en Grupo Milenio. También fue columnista y analista en El Heraldo Media Group y en Reaktor del Grupo IMER. Comunicólogo tecnoruco y businnessrocker solidario, de mente fría pero apasionado por la creatividad. Le va al América y le encanta el albur y el doble sentido. Chairo de corazón y respetuoso de opiniones diversas. Amante de México y sus mexicanos chidos.

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