Mirar hacia la mexicano// Columna de @hugogonzalez1 en Milenio

Mirar hacia la mexicano// Columna de @hugogonzalez1 en Milenio

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Estoy seguro de que con un mercado interno sólido, con un océano de empresas mexicanas saludables y creativas, pero sobre todo con un gobierno mexicano capaz y con autoridad moral para enfrentar los devaneos de la administración del señor Donald Trump, la aplicación de aranceles al acero y al aluminio mexicano no representaría ninguna amenaza a la estabilidad económica nacional y sería más bien, una oportunidad para redefinir las prioridades del país.

Para mí es claro que la respuesta del gobierno mexicano a la medida proteccionista de Estados Unidos es la antesala de una guerra comercial que pone en estado de coma al Tratado de Libre Comercio de América del Norte, con lo cual se confirma que a escala mundial la doctrina económica basada en libre comercio está en una severa crisis, lo que nos obliga a ver soluciones que tenemos al interior del país.

Por muchos años nuestros gobiernos basaron el modelo de crecimiento económico en la recepción de inversión extranjera que, en muchos casos —por desgracia—, no dejaban mucho valor al desarrollo industrial del país, pues se basaba más en la venta de mano de obra barata y la simple colocación de productos o servicios en el mercado mexicano.

No se inventó mucho, se desarrollaron pocas industrias, no se transitó de la “manu-factura” a la “mente-factura”.

En ese contexto, las empresas nacionales esperan recuperar espacios en los grandes proyectos del siguiente sexenio y buscan que quien gane las elecciones presidenciales, privilegien a las compañías nacionales a fin de que más divisas se queden en el país, pues a pesar de que, en la actual administración, los grandes corporativos mexicanos obtuvieron importantes contratos en carreteras, aeropuertos, puertos y sistemas ferroviarios, muchas empresas medianas y pequeñas se quedaron fuera.

Los últimos años también se caracterizaron por el fin de los “contratos llave en mano” para empresas mexicanas, es decir, la asignación de desarrollos completos, desde el diseño, construcción, aplicación de tecnología, hasta explotación, operación o mantenimiento.

A través de estas figuras, las empresas mexicanas compraban la tecnología a la industria mundial y desarrollaban la infraestructura en sectores como el eléctrico o energético o de transporte desde y hacia México.

Por ello, mientras el señor de la Casa Blanca se pone intenso y conforme se aproxima el cierre de sexenio con los consecuentes balances sexenales, el tema de las contrataciones públicas y el apoyo a las empresas mexicanas aparece como uno de los más importantes en la definición de quienes sí pueden pensar en desarrollar al país para exportar mentes, capacidades, creaciones, millonarios que compren fuera. Creo que unos tuvieron la oportunidad de hacerlo y, en 30 años, no lo hicieron.

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