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Sigo pensando que el país tiene problemas muy generales que deben ser atendidos de manera inmediata por el nuevo gobierno, pues, de lo contrario, los asuntos de nicho y de sector no podrán ser atendidos correctamente. Sigo creyendo que de nada sirve pedir que los candidatos tengan propuestas específicas para áreas tan especializadas hasta no detener los problemas que más duelen, como la inseguridad, la pobreza y la corrupción. De qué sirven coche, servicios financieros o smartphone si no tenemos ni siquiera la certeza de que podemos pagarlos o que viviremos para contarlo.

Sin embargo, me pongo de pie para enviarle un abrazo, un aplauso y mis mejores deseos a esas decenas de personas con gran diversidad formativa, experiencia y posición ideológica, que se unieron para actualizar y complementar la Agenda Digital Nacional 2018, Beneficios digitales para todos. Se trata de un documento casi como plug and playpara que el nuevo gobierno no tenga ocurrencias, pues los expertos del sector de tecnologías de información y comunicaciones (TIC) ya le hicieron la chamba después de años de investigación, reflexiones y articulación.

La ADN es un menú de políticas públicas basadas en las TIC que podrán habilitar a los sectores productivos, contribuir a mejorar la educación, multiplicar los empleos, eficientar los servicios de gobierno a los ciudadanos y elevar la competitividad del país.

En ese camino para lograr la transformación digital de México, los expertos han identificado seis pilares o requisitos para llevar a cabo exitosamente las 121 recomendaciones de la ADN basados en cambiar el diseño institucional (1) y la política fiscal (2). También instrumentar un marco gubernamental eficaz (3), una vida y sociedad digitales (4), más competitividad digital (5) y telecomunicaciones de vanguardia (6).

Me concentro en el punto tres, pues la ADN contempla la terrible corrupción que se vivió en este sector durante los dos pasados sexenios y, por lo tanto, propone crear un marco normativo de adquisiciones gubernamentales en materia TIC que haga flexible la contratación multianual de servicios bajo criterios de costo-beneficio, promueva servicios compartidos entre dependencias, establezca sociedades público-privadas, asegure la neutralidad e interoperabilidad tecnológicas, desarrolle esquemas interinstitucionales de desarrollo empresarial, y facilite el aprovechamiento de servicios en la nube.

Hay mucho que hablar de la ADN, pero no cabe duda de que se trata de un documento que debe tomar muy en serio el próximo gobierno (no solo el Presidente), a fin de que, como otras iniciativas, no se quede como una simple carta a Santaclós.

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