Compartir

Eduardo Ruiz-Healy (Martes 19 de diciembre, 2017)

Felipe Calderón creyó que le declaraba la guerra al narco cuando en diciembre de 2006 decidió enviar tropas a Michoacán, su estado natal que padecía los embates de las bandas de narcotraficantes y demás delincuentes. La verdad es que esa guerra se inició en la administración de Carlos Salinas de Gortari (1988-94) y fue cobrando intensidad durante los gobiernos de Ernesto Zedillo (1994-2000) y Vicente Fox (2000-06). El error de Calderón fue intensificarla creyendo que nuestras fuerzas armadas, policías federales y estatales, procuradurías y tribunales estaban preparados para librarla y ganarla y sin pensar que la solución del problema es más complicada.

Podemos comparar esta guerra con la de Vietnam, la cual se inició durante el gobierno del presidente estadounidense Dwight Eisenhower, en noviembre de 1955. El conflicto fue cobrando fuerza durante la administración de su sucesor John Kennedy (1961-63) hasta convertirse en una guerra mayúscula durante los gobiernos de Lyndon Johnson (1963-69) y Richard Nixon (1969-74). La guerra terminó en 1973 cuando éste último retiró a sus tropas del país. Después de 19 años y medio Estados Unidos aceptó que la guerra no podía ganarse. Lástima, porque en este período murieron poco menos de dos millones de personas.

En México, pese a lo dicho y hecho durante décadas por presidentes de la república, procuradores generales, secretarios de la Defensa, de Marina, de Gobernación, de Seguridad Pública, por cualquier burócrata que de alguna manera participa en la lucha antidrogas, y por policías judiciales y soldados, los narcotraficantes tienen cada vez más poder en nuestro país. Pese a los cientos de millones de dólares que el gobierno ha gastado para combatirlos, los cárteles siguen operando con más impunidad que nunca y hasta se dan el lujo de asesinar a policías judiciales, federales, soldados, marinos, presidentes municipales y civiles que se les atraviesan en el camino.

Aceptémoslo: los cárteles del narco que enfrentamos los mexicanos son un enemigo como nunca hubo, que no está sujeto a convenios internacionales. Además, se han convertido en verdaderas empresas transnacionales que al igual que las grandes corporaciones globales son formidables potencias económicas. Por medio de los muy lucrativos negocios en que están involucrados tienen acceso cotidiano a fabulosas cantidades de dinero, lo que les da el poder para influir y corromper cualquier aspecto de la sociedad, de la estructura política y hasta la economía de las naciones donde operan, especialmente las que tienen una historia de corrupción a todos los niveles.

Está visto que México – gobierno y gobernados – combate a un enemigo que no se parece a ninguno que haya enfrentado en el pasado.

Hasta el momento la guerra contra el narcotráfico no ha producido resultados positivos para México. Tal vez es hora de que se piense en nuevas estrategias para enfrentar el problema de las drogas.

Quienes aspiran a gobernar este país, ¿Cómo piensan combatir y eliminar a tan formidable enemigo?

Sitio web: ruizhealytimes.com

Twitter: @ruizhealy

Facebook: Eduardo J Ruiz Healy

No hay comentarios

Dejar una respuesta