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Hace unos días le comentábamos que el servicio Roku de streaming para televisiones podría enfrentar algunos problemas derivados de la escasa protección a la propiedad intelectual.

Antes, si usted no conoce Roku, le diremos que este servicio de streaming (que se autocalifica como un sistema operativo) asegura contar ya con más de 10 millones de cuentas activas. Los usuarios de Roku contaron con más de 4,000 millones de horas de video y música, según datos al primer semestre de 2016, contra los 5,500 millones de horas registradas en 2015. Aparentemente, el sistema de Roku ha tenido que revisar qué está transmitiendo su sistema operativo.

Roku opera en al menos 10 países a través de distribuidores minoritas y acuerdos de licenciamiento con fabricantes de televisiones y operadores de servicios. El fundador de Roku es el estadounidense Anthony Woody, inventor del DVR, quien mantiene a su compañía como una empresa privada que opera en Los Gatos, California.

En abril pasado, algunos medios dieron a conocer que este reproductor de streaming era utilizado para ofrecer acceso pirata a cientos de canales de televisión, series, eventos y miles de películas. En otras palabras, a través de Roku se realizaban prácticas de piratería.

Ante esta situación, el mensaje de Roku al mercado mexicano es que “no tolera la piratería”. Aún más, asegura que toma acciones inmediatas para terminar con cualquier actividad que viole los derechos de autor de los contenidos.

Y explica que su sistema de streaming cuenta ya con procedimientos mediante los cuales recibe notificaciones por escrito de cualquier violación a los derechos de autor de los dueños del contenido. Al recibir una notificación de algún dueño de contenido quién identifica que algún canal está violando los derechos de autor, se toman acciones apropiadas e inmediatas, de acuerdo con sus políticas y procedimientos. Durante el último año se han bajado miles de canales que violaban los derechos de autor y/o que se hacen pasar por canales certificados y no lo son; de la misma manera se niega el acceso a cualquier consumidor que trate tener acceso a dichos canales.

Aquellos canales que no están en la tienda de canales de Roku y que se agregan al menú por medio de un código especial que algún desarrollador proporciona a los usuarios, no son canales autorizados, ya que los usuarios no requieren cuotas ni suscripciones para usar un Roku.

Así, cuando un consumidor configura su Roku es necesario que la vincule a una cuenta gratuita; misma que le da acceso a la Tienda de Canales. Ahí, los consumidores pueden elegir de entre más de 2,500 canales de streaming; pueden encontrar canales gratuitos, por renta o por suscripción.

Roku, dice, toma acciones en contra de quienes se involucran en el uso no autorizado de sus productos y marcas registradas. Roku, además, trabaja activamente en sus redes sociales para informar al público en general cuál es su uso correcto. Muchas de las personas ignoran que están contratando un canal pirata. “Creemos que al despertar la conciencia de la gente se acabará la demanda de ese tipo de canales y, por lo tanto, ya no habrá más oferta”, asegura la empresa.

La controversia no se hará esperar, porque si bien Roku asegura que protege los derechos de autor y la propiedad intelectual, tendrá que dejar claro que su sistema no permite la piratería de canales porque cada casa productora tiene sus propias políticas. Por ejemplo, si tiene autorizado sólo un grupo de países, cómo se evitará que lo envíen a otros mercados. Todo es relativo en Roku. Es por esa razón porque su sistema tiene un gran problema de restricciones, algo parecido a lo que sucede con las consolas de videojuegos. Otro ejemplo, gran parte de los contenidos de Roku se distribuye en inglés porque no tiene autorización para distribuirlo en una gran cantidad de países. Roku puede asegurar que protege la propiedad intelectual, pero su sistema puede ser sumamente permisivo al añadir canales.

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